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viernes, 19 de marzo de 2010

Green Zone

Una unidad de soldados norteamericanos es destinado a la búsqueda de armas de destrucción masiva para probar las teorías que comenzaron y sostuvieron la invasión de Irak por parte de Estados Unidos.




Destripando.

El soldado Miller (Matt Damon) es destinado a una unidad militar cuyo objetivo es encontrar las armas de destrucción masiva que sirvieron como pretexto a la Casa Blanca para invadir Irak. Al intentar confirmar las fuentes de las informaciones facilitadas, Miller se verá envuelto en una oscura trama que abarca a las principales cabezas de la inteligencia y la política estadounidense.

Green Zone es una buena película mirándolo desde sus elementos más básicos: Irak post-invadida, acción al estilo Bourne, thriller de alta alcurnia (espías, mercenarios, militares, terroristas,...), un director solvente y un reparto actoral serio. Todos estos elementos bien conjuntados hacen de este film algo séncillo, visualmente impoluto, con sus dosis de adrenalina y sus momentos de suspense bien reglados.

Green Zone sabe escrutar y escarvar en los hechos para mostrarnos una trama en la que siempre destaca el sabor amargo de la mentira. Falacias bien hilvanadas de la que intuyes dos cosas: que fueron trágicas y que vinieron desde arriba. Green Zone muestra como unos pocos fueron capaces de crear un vertedero estatal -Irak para más reseñas- y como cualquier acto de denuncia es subyugado por el aparato gubernamental.

Con Green Zone tienes la tarde asegurada. Acción, suspense y un actor creíble: Matt Damon. Al aquí presente se le reafirmó la idea de que las actuaciones de este chaval, aún no destacadas en el montante global, sí suponen -y supondrán- una cierta y rara calidad que siempre han destilado personajes como Brad Pitt, Johnny Depp o Morgan Freeman, entre otros.

lunes, 15 de marzo de 2010

Death Note

Light Yagami es un estudiante que un día cualquiera encuentra un cuaderno de tapas negras en su colegio. Ese cuaderno otorga a su poseedor la capacidad de dar muerte a toda persona cuyo nombre sea escrito en sus hojas mientras se recuerda la faz de la víctima. Así, muerte tras muerte, Light Yagami va hilando un plan cuyo objetivo final es desterrar toda maldad del planeta tierra y establecer una única autoridad suprema para preservar la justicia: el propio Light.

Destripando.

No soy fan del anime ni mucho menos, aunque como fiel e infantil seguidor de Bola de dragón, he sido de esa generación que intuyó una puerta abierta hacia otra mutación del cine de animación en los comics japoneses.

En Death Note nos encontramos ante el bien y el mal. Un duelo eterno y grandielocuente personificado esta vez por Kira/Light Yagami y L/Hideki Ryuga. El primero simbolizado en la visión utilitarista de los planes justicieros contra el mal; el segundo, un detective snoob con síntomas de Asperger muy parecido al Sherlock Holmes de toda la vida. Ambos, comandarán 37 capítulos (en dos partes, Death Note: Visions of a god y Death Note: L´s succesors) con un ritmo y una originalidad tremendas.

Si algo destaca en Death Note es en su sentido de thriller. Más allá de la mitología, de los shinigamis (los dueños de los cuadernos) y de los humanos, el hilo argumental está férreamente sostenido por la historia de Light Yagami en su intento de repartir justicia internacional, de las elecciones que toma, de las causas, las consecuencias y las tensiones de estas. Todo en Death Note en sus primeros capítulos engloba las sensaciones de película agobiante, extrema e intensa que sólo desprenden los buenos thrillers. Death Note marca muy bien la conversión de un modelo ejemplar que representa el estudiante Light Yagami en un inteligente, frío y calculador asesino apodado Kira.

Y su antítesis: L. El detective número uno del mundo oculto tras una letra. Nadie le ha visto, nadie conoce su rostro y sin embargo todo el mundo ha oído hablar de él. De su leyenda, de su trabajo, de su éxito en los casos en donde la policía y los servicios de inteligencia de todo el mundo (Interpol, CIA, etc...) habían fracasado. Kira encontrará en L a su némesis, un agente que trabaja con métodos deductivos y que no dudará en poner al límite a todo quisquie con tal de probar sus teorías.

En estos dos personajes recae la trama de la película y prácticamente el peso de la mayoría de los capítulos. Death Note acaba muy bien la primera parte: temeroso, excitado e incrédulo acaba el espectador. Si bien en la segunda parte -L´s succesors- es más de lo mismo visto anteriormente en la primera; sí destaca por la apertura de ese mundo claustrofóbico que era el enfrentamiento de las dos mentes. La trama se abre a otros personajes de todo tipo y calaña: desde los superdotados detectives -sucesores de L- hasta los altos directivos de una empresa de Japón, desde las filias y fobias de los policias hasta las batallas por los cuadernos de Kira.

Death Note tiene una primera parte excepcional, apoyada en el desarrollo de los personajes y en un sonido excepcional. Death Note tiene una segunda parte espectacular, donde se mueven bandidos, policias, agentes secretos y corporaciones sin que se distinga muy bien quien es el bueno y quien es el malo. Pero, sobre todo, Death Note tiene la capacidad de imbuir al espectador en un metraje que rezuma tensión, intriga, fragancia de clásico, muerte y mucho vicio ánime.

PD: A descartar por el aquí presente los créditos, tanto iniciales como finales, cuya música rockera-punkera no encaja ni mucho menos con la trama musical que se oye durante el desarrollo de los capítulos, algo sutil y perfecto.

miércoles, 10 de febrero de 2010

The code

Keith Ripley es un legendario ladrón de guante blanco, el mejor en su especialidad. Para saldar una antigua deuda, se dispone a robar unos huevos de Fabergé inexistentes para el mundo y de gran valor. Ripley, con ayuda de Gabriel, un joven especialista en robos, decide robar los huevos e intentar esquivar al agente Weber, un policía astuto que lleva tras su pista desde hace mucho tiempo.


Destripando.

Keith Ripley (Morgan Freeman) se dispone a robar unos huevos inéditos de Fabergé con la ayuda de Gabriel Martin (Antonio Banderas), para saldar una deuda pendiente que le costó la vida a su antiguo socio, padre de Alexandra (Radha Mitchell), una abogada y protegida de Keith. Pero el robo se irá complicando en la medida que el teniente Weber (Robert Foster), un policía que lleva años tras la pista de Ripley, cierre el círculo en torno a este en una trampa calculada. Para colmo de males, Ripley tiene que solventar la ardiente relación entre Gabriel y su ahijada, a fin de que no cometan estupideces.

The code es una buena película si no esperas nada de ella, porque nada ofrece. A simple vista, The code rememora las últimas películas de robos sin daños: la saga Ocean´s, La trampa, El secreto de Thomas Crown, The Score...

Lo que The code nos ofrece es más de lo mismo: un botín, ladrones sagaces, un policía pertinaz, una deuda que pagar y por eso robamos, un malo malísimo (ruso, ex-antiguo KGB, seguro) y un espléndido y sofisticado robo.

El caso que el film, a medida que transcurre, cuenta todo de forma mecánica, sin esforzarse nada en parecer innovador, fresco. Es simple y llanamente una suma de hechos que se entrelazan y luego se desenlazan sin mayor dificultad, ni para el director, ni para los actores, ni para el espectador. Las tramas se centran en el pasado de Ripley sin mucha convicción, en el rápido escarceo amoroso de Gabriel con Alexandra, y en el robo para pagar una deuda.

Este último suele ser el que mayor golpe de efecto suele causar en los filmes anteriormente pronunciados. El caso es que en The code todo el robo -el estudio del lugar, la preparación, la planificación, la acometida y el desarrollo del robo- tiene una profunda vacuidad. No hay ni una gota de suspense o gratificación para el espectador, ni siquiera se esfuerza por despertar el interés de este. Como si todo fuese enlatado y listo para servir, así de fácil.

Si al robo, que no es espectacular, le sumas unos actores sin profundidad, un guión rectilineo y un rodaje sin pulsiones; resulta que el montante total es una película anodina en donde sólo se intuye la diversión en los sitios más recónditos: gestos del gran Freeman, Banderas en el papel monocorde de galán -con los cuarenta lejanos y, por cierto, en el mismo papel que hacía allá por los noventa-, y las curvas juveniles de la fémina de turno. Nada más.

No hay mucho que ver porque el metraje ofrece pocos alicientes. Así que tómense la cosa con calma y hagan palomitas para pasar el rato.

jueves, 4 de febrero de 2010

Avatar

Después de la muerte de su hermano, Jake Sully se embarca como piloto de Avatar para una corporación que quiere explotar la riqueza del planeta Pandora. Su misión: conducir un avatar, mezcla de humano y Na´vi (nativo del planeta), y proteger a un grupo científico mientras exploran el planeta.
Los problemas para Jake surgen cuando un mujer Na´vi le salva la vida y le introduce en las costumbres de su raza. Pronto sentirá la fascinación por aquella raza tan unida a la naturaleza y luchará por proteger Pandora de los intereses de la corporación.

Destripando.

¿250 millones? ¿O eran 300 millones? Avatar, una de las películas más caras de la historia del cine, hace su presentación con una historia ya vista y unos efectos especiales nunca vistos.

Jake Sully es reclutado por una empresa para defender los intereses económicos en el planeta Pandora. No es ni más ni menos que la extracción de un mineral valiosísimo que permitirá solventar los problemas que por el año 2154 tendrán los humanos. El único obtáculo serán los Na´vi, nativos del lugar que tienen su hogar justo encima del mayor yacimiento. Para intentar convencerlos/echarlos/engañarlos, Sully y un equipo de pilotos de Avatares (nativos creados en laboratorios cruzando su ADN con el ADN humano para así conectar mentalmente con estos y poderlos pilotar) se internan en la selva con el propósito principal de pactar con los Na´vi y que se vayan. Pero lo que no saben los humanos es que la conexión de los Na´vi con Pandora es a todos los niveles, una conexión que no se puede comprar y por la que están dispuesto a luchar y morir. Jake Sully va tomando partido del lado de los nativos al entender y apreciar su cultura, sus costumbre y su fuerte conexión con la naturaleza.

Desde el punto de vista técnico, Avatar es impoluta y perfeccionista. Desde el punto de vista del cinéfilo: es una película más, la historia de Pocahontas en otro lugar y con otras personas. Desde el punto de vista del espectador: es un entretenimiento agradable. Desde el punto de vista del espectador ávido de sagas interestelares y juegos de rol: Avatar es un universo ignoto que explorar, con su propía mitología y con el clásico enfrentamiento entre las fuerzas del bien y del mal.

Y es en este último punto donde Cameron se sale con la suya. Manteniendo la calidad de este film en base a efectos especiales y diseños espectaculares, el director puede rodar todas las películas que se le antojen. Este mundo que presenta puede llegar a ser tan extenso y tan (no lo neguemos) lucrativo como las mayores sagas de los últimos tiempos: la antes mencionada Star Wars, Resident Evil, Indiana Jones, Back to the future y un largo (y lucrativo) etcétera.

De la película: las escenas en la jungla, las escenas en la base, en definitiva, todas las escenas que derrochan tecnología de por medio son sencillamente perfectas (viéndolo en 3D, más). La recreación del mundo Pandora nos da buena muestra del por qué de tan elevado presupuesto. Todo es sencilla y llanamente perfecto, a la altura del hasta ahora inalcanzable mundo Pixar.

Si Cameron se mueve bien sobre la historia como ya lo hizo George Lucas o Spielberg en su momento, puede que nos encontremos ante un evento como lo fue El Señor de los Anillos de Tolkien a mediados del siglo pasado.

Y qué quieren que les diga, para un servidor aquí presente, este tipo de universos e historias enganchan de principio a fin. Sólo rezo para que Cameron no resbale ante tan pantagruélico reto.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Taxi to the dark side

Dilawar proviene de una familia de campesinos. Se hace taxista para traer dinero a casa. Su calvario empieza cuando en el invierno de 2002 es detenido por aliados americanos y trasladado a la prisión de Bagram.
Alex Gibney utiliza esta historia como hilo conductor y feroz crítica a la represión de los Estados Unidos durante la guerra afgana e iraquí y, más concretamente, sobre las torturas que llevaron a cabo miembros del ejército americano siguiendo directrices desde Washington.

Destripando.

Duro documental, ganador de un Oscar, que muestra con claridad meridiana el horror de la guerra de Afganistan e Irak. De como la población detenida sufrió humillaciones y vejaciones enmarcadas en el terrible círculo del contraterrorismo estadounidense.

Taxi to the dark side desgrana en su metraje las claves (causas y consecuencias) de la guerra que inició la Administración Bush después del 11-S. La barbarie humana que supuso -y supone- el inicio de dos guerras, el empleo de la mentira hacia el pueblo norteamericano y la estrategia planificada de la guerra. Y mucho más allá de todo eso: el uso de tacticas sistematizadas y estudiadas para la obtención de información mediante tortura.

Si en algo da preferencia el documental, es al uso ilícito -y legitimado por el gobierno- de la tortura en todas sus categorías y fases, sin importar el daño, para la obtención de información que ayudase a la lucha contra el terrorismo. Ahí es donde entra Dilawar, un campesino afgano que trabajaba de taxista antes de ser apresado junto a tres pasajeros y llevado a la prisión de Bagram. En esta prisión, se encontraría con los métodos que después se emplearían con terrible eficacia en la archiconocida prisión de Abu Ghraib.

Gracias al excelente trabajo de Gabney, todos podemos asistir a las pruebas y los testimonios de soldados, militares destinados a Irak, altos mandos y periodistas que describen fríamente los últimos días de Dilawar en Gabram. Obtiene de estos la rutina diaria en una cárcel de tortura: las palizas, los escarnios, las posturas forzadas, el sueño interrumpido, las burlas... Todo ello al amparo de los oficiales superiores.

Y cuando ya creemos presenciar el caos de la dignidad humana, Gabney nos adentra más profundamente en la destrucción de esta cuando decide escalar por la columna de mando. Respondiendo a las preguntas: ¿Quién consintió? ¿Quién planificó? ¿Quién dictaminó que torturas se emplearían? ¿Por qué? Gabney desgrana y desenmascara a los verdaderos artífices del golpe, de la guerra, al brazo ejecutor que no es otro que la pléyade burocrática que aprovechó el golpe del 11-S para practicar la guerra sucia contra los terroristas. Con los servicios de inteligencia y el ejército como punta de lanza y el consentimiento de una nación sometida al miedo como escudo.

Lo más descorazonador es comprobar -como siempre- que las culpas caen hacia abajo, que los protagonistas de corbata salen bien librados de la peste que humea en sus decretos y en sus acciones. Y que los mayores verdugos en el terreno salieron sin escarnio del asunto.

Eso es lo escalofriantemente palpable de Taxi in the dark side. Un puñado de personas, apoyadas en el hueco abstracto que había en las leyes internacionales, cometieron crímenes de lesa humanidad con el consentimiento, la indiferencia y la impotencia de todos los demás.

Un puñado de personas que pertenecen a la nación más poderosa del planeta, símbolo y estandarte de los valores democráticos, luz que ha de guiar al mundo. Personas que nunca conocerán el sufrimiento que derrocharon y nunca pagarán por lo que hicieron.

Qué terrible infamia.

domingo, 31 de enero de 2010

Up in the air

Ryan Binghman trabaja en una empresa que asesora a otras sobre despidos y reducciones de plantilla. Viaja por todo el país coleccionando millas de vuelo, durmiendo en hoteles, dando conferencias, conduciendo coches de alquiler y embarcando en aeropuertos. Esta vida, perfecta y despreocupada para Ryan, se ve amenazada cuando su jefe decide modernizar el servicio de despidos para ahorrar costes.

Destripando.

Ryan Binghman (George Clooney) tiene un estilo de vida peculiar. Gracias a su trabajo como asesor de despidos y reducciones de plantillas, viaja por todo el país coleccionando millas en busca de su única meta: 10 millones de millas en viajes de avión. Disfruta embarcando en aviones, durmiendo en hoteles, llevando lo más importante en una mochila y viviendo libre de ataduras. Este estilo de vida choca con dos hechos: Alex Goran (Vera Farmiga), una mujer con la misma vida que Ryan, y la modernización del servicio de despidos por parte de su empresa.

A priori, Up in the Air parecería otra película romántica más, otra más de las de chico-conoce/pierde/recupera-chica, otra más con el guaperas de turno y algún triángulo amoroso. Eso es lo que parece desde lejos, y aunque Up in the air tiene un toque romanticón, hay otro toque un poco más distingido. Un toque que intenta profundizar en la verdadera cuestión del conflicto de Ryan que bordea la crítica subrepticia a lo que nos rodea, a las acciones de la gente, a sus relaciones, a la vida que decidimos escoger y con quién vivir esta.

En la trama argumental destacan las ideas de lo cruel de un despido: las reacciones de la gente, la fría y calculada respuesta del ejecutor (Ryan y su compañera Natalie -Anna Kendrick-) y el agujero negro que dejan en las personas, el miedo ante el abismo de los años perdidos. Y hay que reconocer que el director tiene mano para hilar con buen tino las ideas anteriores con el estilo de vida de Ryan (su fría despreocupación, sus ideas, las relaciones familiares y, sobre todo, la relación amorosa con Alex) y su antítesis: Natalie -sentimental y visceral-.

El film tiene muy buenos momentos, el que mueve los hilos tiene verdaderas dotes para no caer en lo banal, en lo superfluo de la propuesta. Aunque quizás el metraje tenga su mayor pega en lo flexible que resulta ser la propuesta hacia el final, cuando todos los conceptos y la reflexión queda meridianamente clara y sólo queda la despedida del protagonista y la lección que de ello sacamos. Aún con estas, en el metraje se paladea un cine con un sello de calidad y personalidad distintivos, aparentemente sencillo.

Se adivina un futuro más que digno en Hoollywood para Reitman, un director con suma facilidad para realizar críticas sibilinas a un estilo de vida y a un mundo que se mueve más rápido que el propio ser humano.

miércoles, 27 de enero de 2010

2012

Una serie de catastróficas predicciones, basadas en el calendario maya, se cumplen en el año 2012. Jackson Curtis, un escritor en horas bajas, trata de salvar a su familia y ponerlos a resguardo del fin del mundo.




Destripando.

Jackson Curtis (John Cusack), un divorciado que es un desastre en sus labores paternas, trata de salvar a su familia de un final quemado, ahogado, aplastado por edificios, tragado por la tierra, muerto por accidente de avión... y muchas cosas más.

Película eterna que se mueve gracias a unos efectos especiales que recrean de maravilla el fin del mundo y que evidencia una total falta de ambición más allá de impresionar al personal con el uso del ratón. Porque la película es el fin del mundo y nos lo cuentan con una exhuberancia de medios digitales maravillosos.

Si 2012 gustaba (sabiendo que era Independence Day 2) era porque tenía una trama que atraía al aquí presente: el fin de la humanidad. Pero hete aquí que la historia, los personajes, los sentimientos y las escenas de peligro están sacados del mismo guión: don taquilla. Y para don taquilla sólo existen los excesos. Creyendo así que será un éxito de taquilla por tener explosiones y Winconsin en Ulan Bator.

Basicamente, 2012, se reduce a presentar las caras y la causa de la catástrofe, 140 minutos de persecuciones -la madre Naturaleza contra todos esos súbditos terrestres- y los minutos del final donde se promete ser mejor persona y tirar las pilas en el contenedor correcto.

Y la sensación que se me queda es que he sufrido demasiado por el único placer de ver gente gritando despavorida y enloquecida por no tener un refugio.

PD: Woody Harrelson con su papel de pirao levanta un poquito el ánimo...

martes, 26 de enero de 2010

Infectados

Danny, Brian, Bobby y Kate son cuatro jóvenes supervivientes que emprenden una huida hacia el golfo intentando escapar de un virus que ha asolado el planeta tierra.





Destripando.

Infectados relata la huida hacia la playa del Golfo en donde los hermanos Danny y Brian veraneaban. Ahora, ese destino les llevará a recorrer el pais por carreteras abandonadas, asoladas por un extraño virus y observando las secuelas de este en la vida humana.

Pero no es un viaje fácil el que se les presenta a los púberes. Tendrán que enfrentarse a situaciones dramáticas y solventarlo siguiendo unas estrictas reglas de superviviencia: los enfermos son muertos, no toques nada que no esté desinfectado...

La película se presenta aterradora desde un comienzo. Una buena calidad de imagen y una buena fotografía no hacen más que aturdirnos y agobiarnos con lo que intuimos en la vida de los cuatro jóvenes: la muerte en cualquier sitio.

El film tiene pasajes que rellenan la historia y nos dan pistas sobre lo que pasó, sobre lo que pasa, sobre quién queda y por qué. En cada uno de ellos también nos demuestra las actitudes de las personas ante el caos, el vacío, el virus y el final. Sin tener zombies ni masticar carne, la película se centra exclusivamente en el dramatismo del estilo de vida que deben adoptar los cuatro jóvenes. Ante los enfermos, ante las bolsas de cadaveres, ante las ciudades vacías, ante sus propios congéneres (paranóicos o no, armados o no)...

Todo en el metraje es desasosegante, descorazonador, desesperanzador.

El final es el que me sorprende. Un buen guión y una buena película que posee algo de un final interrumpido, vácuo. Como si pensar en ello no ayudará a entender el porqué, como si todo lo vivido con los cuatro jóvenes no lleváse a ningun lugar, no sirviera para nada.

miércoles, 20 de enero de 2010

Sherlock Holmes

Sherlock Holmes es un famoso detective londinense y asesor de la policia británica que, ayudado por su socio el doctor John Watson, descifra los asesinatos más enrevesados con un gran poder de deducción y unas capacidades extraordinarias. Estas se verán enfrentadas a su mayor reto cuando Lord Blackwood, encerrado por Holmes y ejecutado por asesino y ocultista, resucita en busca de venganza.


Destripando.

¡Ay, Holmes! Quién te ha visto y quién te ve.

En esta nueva versión Holmes deja de ser ese tipo británico, con esa chupa inglesa a cuadros y esa lupa enorme. Este Holmes es rematadamente más fuerte, más becerro, más bestia. Adecuado a los tiempos que corren y gracias al cómic de Lionel Wigram (que servidor no ha leido) Sherlock Holmes se nos presenta rematadamente más socarrón y más héroe de acción que nunca.

Y no es mala la apuesta que hace el director Guy Ritchie. He de decir que aquí el presente no esperaba que el autor de la excepcional Snatch (¿Cerdos y Diamantes?... Estos españoles y sus títulillos) y de la no menos grata Rockanrolla, se anduviera con buen paso y pulso firme por la Inglaterra del siglo diecinueve.

En Sherlock Holmes se muestran los evidentes toques de post-producción que tanto le gustan al director (y que a mi no me desagradan del todo): cámaras superlentas y sonido espectacular, voz en off, escenas en doble tempo... Sus detalles, vamos.

Es bueno que Ritchie dé sintomas de buen cine, de su cine, más allá de las películas caseras con su ex-esposa e icono, Madonna, y de sus teóricos escenarios. Me había hecho a la idea de que Ritchie no podría armar su cine fuera del ambiente barriobajero donde siempre se han movido sus tramas. Donde los personajes y las pequeñas historias que estos conforman convergiesen en un final donde todos reciben su castigo, su merecido o su premio.

Esta vez, y como ya dije antes, la apuesta no le sale mal del todo. Con un Downey Jr. en estado de gracia, un Watson con piel de Jude Law y una chica como Rachel McAdams pululando en el papel de amante traicionera; la película se sostiene y evidencia un buen ritmo, una cámara despierta y unas escenas que dejan entrever una época convulsa y oscura. También me gusta la estela que deja el Profesor Moriarty, el archienemigo de Holmes, que no aparece en el metraje y cuya nocturnidad engalana los motivos más o menos creíbles del film.

Porque, a decir verdad, los motivos de la trama y el metraje están condimentados a la acción para el gran público y a la ayuda de este para no poner en tela de juicio la credibilidad del malvado objetivo. Eso sí, las escenas de acción tienen sus efectos especiales y sus luchas espartanas, todo para el deleite de los abyectos y la justificación de papis, mamis, novios y novias en su paso por taquilla.

Pero más allá de su porción de taquilla malsana, se puede disfrutar de una entretenida película con un elenco que no desentona, con unos escenarios bien escogidos y con una proposición que sopla aire fresco a los thrillers y a las películas de acción con la paradoja de que el protagonista es un tipo creado hace más de un siglo.

martes, 15 de diciembre de 2009

Mary & Max

Mary Daisy Dinkle es una niña de 4 años que no tiene amigos y vive en Australia, para revertir esta situación, no se le ocurre nada mejor que escribir a una dirección de una guía de teléfonos de New York. Max Jerry Horowitz es un señor antisocial que vive en el corazón de New York y cuya unica amistad nace de las cartas que le envía una niña al otro lado del mundo.


Destripando.

Mary & Max anuncia en sus primeras líneas lo que la película nos va a mostrar: una amistad epistolar entre una niña curiosa de Australia y un hombre anti-social de New York.

Lo que puede parecer algo inocente en un principio, se va convirtiendo por méritos propios en una sucesión de escenas profundas, con personajes de carne y hueso que ahondan en la tragedia que es este mundo sin un ápice de dramatismo y con una desenvoltura al alcance de muy pocos. La aventura que inicia la pequeña Mary está llena en todo momento de un humor fino que se filtra en cada plano de la película (un gran punto a favor, sin duda). Con un diseño visual arriesgado y unos dibujos a la altura de los personajes (impagable los pequeños gestos de plastilina), todo encaja perfectamente en el pequeño mundo del stop motion que el espectador puede notar como un mundo tan real y maravilloso como surrealista. Tan fascinante y feliz como triste y cruel.

Algo espectacular a tener en cuenta para Mary & Max es que sus epístolas translucen, en un primer momento, la inocencia de la infancia, el despertar de la adolescencia y la llegada a la madurez; y que esto, a medida que avanza el metraje, mezcla perfectamente con ese otro mundo en el que viven inmersos sus personajes: un mundo inhabitable, trágico, incomprensible, triste, espartano y fatigoso.

Es aterrador comprobar como el mundo de Max y Mary, por muy lejanos que estén, carecen totalmente de algún ápice de esperanza o belleza. Y aún así, te dejas fascinar por ambos, por el humor que sus dudas plantean y por la fuerza que radica en sus vidas, en sus pequeños actos. Por todas y cada una de las cosas que se muestran en la pantalla.

Lo que Mary & Max nos deja es una peripecia vital en toda regla. Algo que cala hondo, más allá del humor que la película derrocha, queda un poso existencial que sólo las grandes obras han podido transmitir al espectador con asombrosa facilidad como ahora lo hace este maravilloso film.

Quizá lo más asombroso es darse cuenta de que con estos seres disfuncionales y de plastilina también pueden florecer los sentimientos atemperados, los sentimientos que escondemos en nuestra coraza de carne y hueso.

Todo un logro, sí, señor.

sábado, 12 de diciembre de 2009

Signs

Graham Hess, un ex-reverendo que ha perdido la fe después del trágico fallecimiento de su esposa, vive con su familia en una granja en la pequeña localidad de Doleystown. Allí descubre por sus hijos lo que parecen unas señales realizadas en su cosecha. Señales que aparentan tener un carácter marciano.



Destripando.

Ya os lo dije en algún post anterior y os lo vuelvo a repetir: Shyamalan me tiene agarrado por los órganos reproductores, así que si ordena silbar, silbo.

Su cine se me ha revelado como uno de los sellos imperecederos en el género de la intriga (que no del terror) con películas como esta que hoy se nos presenta: Signs.

En Signs, Shyamalan se introduce en la familia de un predicador, Graham Hess (Mel Gibson), para relatarnos el fin del mundo de la mano de una invasión extraterrestre.

Así es, ni más ni menos, la pequeña hazaña del director. Aunque uno de los temas que más ocupa en la pantalla sea la pérdida de la fe por parte de un hombre religioso al ser maltratado por la vida, para mí lo realmente asombroso es lo relatado anteriormente: como en el culo del mundo se puede vivir una invasión extraterrestre con una emoción y una tensión pocas veces vista por el autor aquí presente.

Inspirado por H. G. Wells y varios de los clásicos de antaño, el talento que nace de Shyamalan se traduce en la creación de planos y en el movimiento de la cámara para contarnos la historia. Ahí es donde tiene el genio su genio. Un genio con una potencia y una precisión únicas, claro. Con un pulso férreo y sabiendo en cada momento cuántas gotas hay que echarle al tema, Shyamalan hace que apretemos el esfinter de tal forma que no podamos articular palabra ante la pantalla.

Hay que destacar el gran trabajo de los actores. Mel Gibson como Graham Hess nos deja una buena interpretación; Joaquin Phoenix como Merrill, el hermano pequeño, también está a la altura (lástima que se le esté yendo la perola); y los niños Rory Culkin y Abigail Breslin, Morgan y Bo Hess en la película, respectivamente están sensacionales como correa de transmisión durante toda la historia. Su interpretación nos deja escenas llenas de intriga, inocencia, tensión, humor y terror.

Para la duda dejo si es acertado mostrar al monstruo, al protagonista de las pesadillas. En toda la película no se muestra nítidamente y eso es precisamente lo acertado de la propuesta, el temor a lo insondable. Es curioso que la tensión se desvanece en el tramo final justo cuando el invasor muestra su cara, es ahí cuando la película pierde entereza y todo se va desmoronando en tópicos.

Qué grande hubiera sido si hubiese continuado con las propuestas de algunas escenas al final: el enemigo a través del reflejo. Nunca de cerca, sólo susurrado, siempre protagonizando la ingrata percepción de que el monstruo es horripilante, terrorífico, malvado.

Para quitarme el mar sabor de boca pensé en como utilizó el televisor (fíjate tú): ese denostado aparato que hace que nos retorzamos de dolor cada vez que vemos su programación y, sin embargo, que esplendor de cacharro cuando nos cuenta que el mundo se está yendo al garete imagen tras imagen.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Anthony Zimmer

François Taillandier es un hombre recién divorciado que se ve implicado por accidente en la búsqueda de un peligroso mercenario: Anthony Zimmer. A este hombre le buscan tanto el servicio secreto francés como la KGB, unos con el objetivo de detenerle, otros con el objetivo de matarle.



Destripando.

Interesante thriller gabacho que centra su argumento en la búsqueda del mercenario Anthony Zimmer, el cual, huido de la justicia, es buscado por evasión y blanqueo de dinero. Tan peligroso es Zimmer como violenta es la persecución: el servicio secreto francés, encabezado por los agentes Chiara (Sophie Marceau) y Akerman (Sami Frey), como el antiguo KGB, dirigido por el siniestro Nassaiev (Daniel Olbrychiski) intentarán cazarle. En tan frenética persecución se enreda Françsois Taillandier (Yvan Attal), un turista que es confundido con Anthony Zimmer.

Anthony Zimmer no es mala película en su inicio y en su desarrollo. La tensión y el argumento se van desgranando y van increscendo según la trama va concluyendo. A su paso podemos ver las oscuras artimañas y los terribles métodos que son utilizados en pos de una persecución que dejará sin aliento al espectador, o por lo menos mantendrá a este en su asiento.

A medida que la película avanza, he sentido dos cosas: la primera es notar un cierto halo de semejanza en algunas expresiones de Yvan Attal con el todopoderoso Robert de Niro (el joven, claro...). A medida que transcurre la película, no he dejado de notar estas similitudes en pequeñas miradas, en pequeñas expresiones que me recordaban al rey del Bronx.
Lo segundo, es la increible pulsión hacia el camino del amor (y de la desesperación, claro) por Sophie Morceau. Cuando el metraje andaba por la mitad, sus pequeños gestos me habían cautivado hasta lo extremo, deseoso de ver más de su expresión, de su cuerpo y de su cara...

Y así se ha ido desgranando el argumento hasta un final que... ¿os he comentado la pasión naciente por Sophie Morceau? Creo que es el principio y el final de la película. Ella y nada más que ella.

Detrás de ella, de su sencillez, se va escapando una buena historia que en su desenlace recuerda a otras cientos de miles de películas... Claro que si uno mira de reojo, e imagina a Robert de Niro en estado de gracia acercándose a Sophie Morceau... Todo thriller puede convertirse en obra de arte, ¿no?

jueves, 3 de diciembre de 2009

As good as it´s get

Melvin Udall es un escritor racista, antisocial y con claros síntomas obsesivo-compulsivos. Carol Connelly es una camarera solitaria que vive con su madre y su hijo enfermo. Simon Bishop es un pintor gay que cae en la desesperación más absoluta cuando es asaltado en su propia casa. Melvin ayudará a Bishop y a Connelly sin saber las terribles consecuencias que conllevará para su vida rutinaria y obsesiva.


Destripando.

Melvin Udall (Jack Nicholson), escritor de novelas románticas y con trastorno obsesivo-compulsivo, se verá coartado por Frank Shachs (Cuba Gooding Jr.), marchante de arte que trata al pintor Simon Bishop (Greg Kinnear), para que cuide el perro de este último. Este pequeño "favor" desencadenará una sucesión de hechos que pondrán en peligro el estilo de vida acomodado y monótono de Melvin.

Han de saber que uno de los firmantes en la película es el legendario Mel Brooks. Sólo con este nombre ya bastaría para definir el fino aroma que desprende As good as it´s get. Aunque el envoltorio lleve el sello de comedia romántica, en esta película se deja entrever un cine que va más allá del argumento del amor. Puro cine que explora sin límites las tragedias diarias, humanas, deprimentes y paranóicas de los seres humanos. Y todo ello vestido con un humor y unas escenas hilarantes.

A parte del señor Brooks hay otro gran punto a destacar: Melvin Udall. Este gran personaje, que borda Jack Nicholson (uno de los mejores para el aquí presente), sirve de cimiento para que se construya sobre él toda una ópera al buen cine. Al cine con mayúsculas, al que se saborea y con el que uno disfruta. Vamos, cine Mel Brooks.

El resto del elenco cumple con creces el pulso del señor Nicholson y ayudan a la película con unas interpretaciones que marcan en ambos extremos de la película: en la comedia y en la tragedia. Porque si algo tiene esta película, es una increible facilidad para ir de un polo al otro con una facilidad y una sencillez acongojantes.

Además, el hilo conductor que supone la metamorfosis de Melvin nos lleva a una catarsis con el antes y el después, con sus penas y sus alegrías. Es esta metamorfosis el mejor epílogo de una película que saboreas en su desarrollo y te marca en su final.

Al fin y al cabo, intentar ser mejores personas nunca está de sobra en este mundo, ¿no?

viernes, 20 de noviembre de 2009

Brick

Brendan recibe una llamada de su ex-novia, Emily, aterrorizada. Dos días después yace muerta en un desagüe de la ciudad. Brendan, con ayuda de su amigo The Brain, comenzará la peligrosa búsqueda de respuestas al homicidio de Emily y al nombre de su asesino.


Destripando.


Interesante thriller urbano que se adentra de una manera hábil y subrepticia en el mundo de las drogas.

Un muchacho adolescente haya el cuerpo inerte de la que antaño fuera su novia. Buscando la verdad y con ayuda de su amigo The Brain, Brendan se adentrará en los ambientes del tráfico de drogas para descubrir al asesino y descubrir las razones del homicidio.

Una película interesante, que habla con un estilo personal, a veces lleno de humor y otras veces lleno de tensión. Cine que juega visualmente con el espectador y al que enreda con una trama muy bien vestida por el decorado; equilibrado entre las sordidez, la elegancia y lo terrenal.

El único punto en contra que encuentro es la post-adolescencia del elenco actoral. No me creo que acciones de tamaña magnitud sean perpetrados por gente veinteañera. Aún así, se reconoce el gran trabajo de todos los implicados y se agradece en gran medida el halo de belleza clásica con el que cubre Nora Zehetner su papel de Laura. Además, una vez metido en el visionado y conociendo la juventud de hoy en día, ese punto en contra se vuelve abstracto.

Hay algo latente en el metraje de Brick, no sabría decir muy bien que es, pero es posible que la definición buscada rememore el estilo y la magnitud a las grandes obras del género. Lo que está claro es que Brick se sitúa por encima de la media en las propuestas del cine de hoy. Se echan de menos este tipo de apuestas.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

The Birds

Melanie Daniels va en busca de un regalo para su tia a una pajarería. Allí, Mitch Brenner, un abogado criminalista de San Francisco, le confunde voluntariamente con una dependienta y le pide una pareja de aves para el cumpleaños de su hermana pequeña. Melanie, ni corta ni perezosa, le devolverá la broma en una jugada maestra: le llevará los pájaros que pidió hasta la misma puerta de su casa en el pequeño pueblo de Bahia Bay.



Destripando.

Y así se inicia la que para mí es toda una película de ciencia ficción, de terror, de caos.

No se si sabrán de mi pasión por la desesperación humana justo en los momentos de la extinción como raza, por si acaso ya les digo que mi interés por humanos preguntándose el por qué de lo que les ocurre mientras fenecen a manos de poderes desconocidos es un jugoso paladeo para mis ojos, un goce visual.

En The Birds se dió la ocasión tan rara (casi como cuando se alinean los planetas) de que todo un maestro en el cine del suspense contrastado atrapa un guión de catástrofes sobrenaturales. Así es como se muestra esta película. Lo que parece ser un comienzo de comedia romántica al uso, se acaba convirtiendo en toda una debacle humana con la mejor banda sonora posible: graznidos de cuervos. Acompañado, claro está, de la mano del genio, del maestro. Hitchcock se mueve en diversos escenarios de la bahía y prepara bien la acometida de sus vengativas aves. Nos raciona el oxígeno con un pulso inigualable: la aparente tranquilidad de un pueblo costero, el misterio que acompaña a los primeros ataques, el desasosiego que produce una realidad imposible, el drama de los caídos, el pánico de las víctimas, las preguntas en la desesperación del populacho.

Toda la película está llena de perlas: la escena de Tippi Hedren esperando a los niños a la salida del colegio es inmortal. Y la escena que se desarrolla en la cafetería todavía me deja estupefacto: pánico, incredulidad, miedo, humor punzante...

The Birds supone para mi un regalo caído del cielo. Es como si Spielberg o Scorsese se pusieran a rodar una de zombies. Lástima que no tengan un talento y una factura como el director que aquí se menciona con auténtica devoción.

Postdata: he leído algunas reseñas que indican que el señor Hitchcock tenía en mente otro final distinto que por motivos económicos no pudo realizarse. Al llegar los aliviados supervivientes a San Francisco se encuentran el famoso Golden Gate lleno de enemigos alados.

Otra prueba más de que Dios no existe. ¿Quién, en su infinita sabiduría, negaría el placer de filmar esta escena a Sir Alfred?