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domingo, 24 de junio de 2012

sábado, 2 de junio de 2012

El hombre del carro, el cubo, los demás

Foto: Samuel Aranda for The New York Times

Cada mañana durante cinco días a la semana veo un cubo de basura en frente de mi casa. Ese cubo es otro de tantos miles que hay en la comunidad de Madrid, no es más grande ni más pequeño ni más bonito ni más feo que cualquier otro de la ciudad. Sin embargo, ese cubo me sorprende porque siendo un objeto inanimado, pregona un discurso social y político de hondo calado. Y es sólo un cubo, ¿cómo puede un cubo reflejar el estado actual de las cosas? Es realmente sorprendente.  
Puedo decir que soy un experto mirador de ese cubo, que a veces lo utilizo para tirar cosas y siempre le veo allí unas doce veces por semana (algunas semanas

jueves, 24 de mayo de 2012

Mi país

Transición pedida en la calle y facturada por la oligarquia, SOFICO, empresarios que financian partidos que financian fraudes empresariales y estafas en gobiernos locales, regionales y de comunidades, prácticas dictatoriales que son democratizadas, construcción y turismo como toda innovación, medios de comunicación polarizados, Caso Brugal, puestos de responsabilidad para hijos de, hermanos de, cuñados de..., meritocracia brillando por su ausencia, libertad de prensa se exclama, globalización, malversación de fondos publicos, construcciones pantagruélicas para inflar números, para desviar codicias, beneficios bancarios que crecen año a año, sueldos congelados, Caso Saqueo, sindicatos con el silencio pagado en cada empresa, los hijos se vuelven albañiles y camareros porque está

domingo, 18 de marzo de 2012

Underworld: Awakening (Underworld: el despertar)

Un nuevo mal acecha a la vampira Selene, la guerra subterránea que libraba contra los licántropos se ha descubierto. Ahora los humanos han trazado un plan contra las dos razas: la extinción. En estas se ven cuando Selene y su amante Michael Corvin son apresados y criogenizados durante 12 años. Cuando Selena es liberada por alguien conocido como sujeto 2, descubre que Michael no está y que en su lugar hay una niña llamada Nissa. Una niña que esconde un secreto deseado por sus archienemigos los licántropos. 



Destripando. 

Underworld: Awakening es la cuarta entrega de la saga Underworld iniciada con este título allá por el 2003.

Cómo ha cambiado la cosa de los vampiros y los licántropos desde que vi Entrevista con el vampiro y Monster Squad allá por los 90. En la primera los vampiros eran seres conscientes de su inmortalidad y se regodeaban en su naturaleza excepcional. En la segunda el hombre lobo que aparecía era un ser humano torturado por su "don" y buscaba con fruición alguien que le diese matarile, que le liberase. 

Underworld desde el principio dejó las cosas claras. Ni somos elegidos inmortales que pasan su tiempo de sarao en sarao ni somos seres torturados que buscan una salida a esa imperfección. No, para nada. Aquí en Underworld los licántropos son seres orgullosos y salvajes que sólo quieren destruir a los vampiros, sus antiguos amos, y los vampiros son esos seres poderosos y cultivados que pretenden salvar su linaje de tan indómitas bestias.

Así, con las cosas claras, la saga ha ido creciendo entrega tras entrega y, como en las anteriores, se repiten los puntos fuertes: los efectos gráficos, el vestuario, la ambientación, la atmósfera... Añadiendo en cada una la proporción ascendente de sangre, vísceras, peleas y tecnología -por este orden-.

No obstante, si ya en el mundo Underworld se podía entrever su parecido a películas como Blade o Matrix, en esta cuarta entrega además de aquellas, he notado cierta residentevilización. Ya sea porque Selene (su figura, sus escenas de acción) adquiere parecidos más que razonables con Alice, o porque la historia gira en torno a un laboratorio (Antigen) que recuerda mucho a la Corporación Umbrella; lo cierto es que este parecido juega más en contra que a favor de Underworld Awakening. A favor porque la saga adquiere un tono más tecnológico y futurista, en contraposición a la anteriores cintas que basaban su línea en el aspecto mitológico. En contra porque puede suponer una vulgarización hacia un modelo ya visto en Residen Evil y, como copia, puede suponer cierta pérdida de identidad.

Así pues y con estas premisas por delante, seamos justos con Underworld, cada entrega puede suponer dos cosas: o el aburrimiento de una historia estirada por argumentos comerciales, o el disfrute puro y duro de los fans incondicionales de ese submundo de criaturas extrañas.

Desde mi punto de vista sólo puedo añadir dos cosas: que vampiros, humanos y licántropos se saquen las tripas y se rebanen los sesos entrega tras entrega me motiva, ya que soy incondicional acérrimo de estos quehaceres. Y que oye, que mientras criaturas, dinero y personas caigan ensangrentadas y sin vida mientras la historia de amor imposible se desarrolla, pues no es mal argumento para mí.

Ya que al menos en eso Underworld es sincera. Va a lo que va sin engañar a nadie.






Ficha en IMDB
Ficha en Filmaffinity

domingo, 26 de febrero de 2012

G.I. Joe: The Rise of Cobra

Industrias MARS está a la cabeza de la innovación armamentística, fruto de ello, es su nueva creación: la nanotecnología militar. Pequeños robots que destruyen/descomponen cualquier material (tanques, hombres, edificios... ), un arma practicamente definitiva, y como tal, ambicionada por las principales potencias. COBRA, una organización criminal ultrapoderosa, roba el arma definitiva con la intención de sembrar el caos. Para evitarlo, un grupo ultrasecreto de soldados denominados G.I. Joe pretende combatir y fulminar la apocalíptica amenaza.

Destripando.

"En teoría los G.I. Joe no existen, pero si existieran, estarían formados por los mejores hombres y mujeres de los mejores cuerpos militares del mundo: los figuras". General Clayton Abernathy.

¿Has visto Too Fast too Furious? ¿Crank 2: High Voltage? Pues entonces entenderás que pretende el señor Stephen Sommers en su aventura con los G.I. Joe. Si hay una palabra que es clave en esta película, esa es trepidante. Trepidante en el argumento, trepidante en el ritmo, en los movimientos de cámara, en sus secuencias, en la presentación y desarrollo de personajes, en los disparos y las peleas; trepidante, en definitiva, en el minutaje de la película.
Que no me malentienda nadie, a favor de la película juegan muchos puntos: el principal es la leyenda G.I. Joe que durante décadas Hasbro ha utilizado para entretener a millones de niños con sus juguetes y con el serial animado. También juega a favor la mencionada tecnología: armamentos, aviones, exoesqueletos, todo un conjunto de ficción que hace del mundo G.I. Joe un envidiable escaparate para cualquier ejército del mundo. Otro punto clave a destacar en la película es el dinero. No hay minuto fílmico que no contenga una seria tajada al presupuesto de la película: escenas de combate, de peleas cronometradas, de cachibaches electrónicos, de batallas a pie, por mar, por debajo de él, por aire, por encima de él, llenas de localizaciones dispares como corresponde a una batalla por la salvación de la tierra. En fin, dinero bien invertido porque los efectos están muy bien diseñados y cumplen su función sobradamente.
Ahora bien, puntos negativos: un guión que no es mediocre pero que en su desarrollo se vuelve tal. Es decir, el ritmo trepidante, la sucesión de escenas entre pasado y presente, entre buenos y malos, entre distintos combates -submarinos o aéreos-, desconcierta y agota al espectador. Y claro, con un ritmo trepidante, las escenas de calma en donde se desarrolla el amor de los protas, el ligoteo del amigo simpaticón con la tia buena de las fuerzas del bien o el sufrimiento del ninja bueno y el malo, no calan lo suficiente en el espectador. Dejan una sensación de plástico, de personajes -historias, amores y lágrimas- superficiales y absurdos.
No obstante, he de recordar que la película tampoco hace alarde de sus ambiciones dramáticas, no contiene mensaje subrepticio. Aquí hay balas y balas es lo que vas a comer. Esta película va destinada a un público específico que está dispuesto a pasar dos horas comiendo palomitas y disfrutando de una película de acción. Ni más ni menos.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Invisible (Lo que no se ve)


Nick es un joven y modélico estudiante en el instituto, escribe poesía, no tiene padre y su madre se opone a sus iniciativas. Su buen amigo Pete se endeuda con una pandilla de jóvenes en el instituto comandada por Annie, una joven con problemas domésticos y una tendencia autodestructiva. Pronto, los caminos de Nick y Annie se cruzarán, dando lugar a sucesos trágicos, mentiras y sacrificios.


Destripando.

Nick (Justin Chatwin) es un joven estudiante que intercede entre su amigo Pete (Chris Marquette) y la banda de gánsteres juveniles comandados por Annie (Margarite Levieva), un alma rebelde y torturada. Esta interferencia tendrá consecuencias devastadoras para todos.

Película de 2007, remake yanki de su homónima sueca. Invisible es un thriller con una historia que tiene su mejor punto en la producción, en la cámara que nos enseña la historia y en un comienzo prometedor. La pega es que a medida que avanza la película y las piezas van encajando, la trama desgranada recuerda globlalmente a Ghost: más allá del amor (1990); tirando por tierra el trabajo de ser la nueva perla de culto adolescente y dejando la sensación de película blanda y juvenil.

El elenco actoral está bien cimentado y sin salirse del guión ni establecer puntos algidos de interpretación, sostiene una trama y genera la tensión suficiente para esperanzar al espectador. Y este no se aburre, más bien se decepciona cuando el hilo de la película llega al final y descubre promesas vacuas y repetitivas.

Aún con esto, la película entretiene si el mayor objetivo del espectador es pasar dos horas de un domingo frente a un televisor con un bol de palomitas y saboreando un película bien hecha y bien llevada. Lo cual en estos días, no es poco.

viernes, 19 de marzo de 2010

Green Zone

Una unidad de soldados norteamericanos es destinado a la búsqueda de armas de destrucción masiva para probar las teorías que comenzaron y sostuvieron la invasión de Irak por parte de Estados Unidos.




Destripando.

El soldado Miller (Matt Damon) es destinado a una unidad militar cuyo objetivo es encontrar las armas de destrucción masiva que sirvieron como pretexto a la Casa Blanca para invadir Irak. Al intentar confirmar las fuentes de las informaciones facilitadas, Miller se verá envuelto en una oscura trama que abarca a las principales cabezas de la inteligencia y la política estadounidense.

Green Zone es una buena película mirándolo desde sus elementos más básicos: Irak post-invadida, acción al estilo Bourne, thriller de alta alcurnia (espías, mercenarios, militares, terroristas,...), un director solvente y un reparto actoral serio. Todos estos elementos bien conjuntados hacen de este film algo séncillo, visualmente impoluto, con sus dosis de adrenalina y sus momentos de suspense bien reglados.

Green Zone sabe escrutar y escarvar en los hechos para mostrarnos una trama en la que siempre destaca el sabor amargo de la mentira. Falacias bien hilvanadas de la que intuyes dos cosas: que fueron trágicas y que vinieron desde arriba. Green Zone muestra como unos pocos fueron capaces de crear un vertedero estatal -Irak para más reseñas- y como cualquier acto de denuncia es subyugado por el aparato gubernamental.

Con Green Zone tienes la tarde asegurada. Acción, suspense y un actor creíble: Matt Damon. Al aquí presente se le reafirmó la idea de que las actuaciones de este chaval, aún no destacadas en el montante global, sí suponen -y supondrán- una cierta y rara calidad que siempre han destilado personajes como Brad Pitt, Johnny Depp o Morgan Freeman, entre otros.

lunes, 15 de marzo de 2010

Death Note

Light Yagami es un estudiante que un día cualquiera encuentra un cuaderno de tapas negras en su colegio. Ese cuaderno otorga a su poseedor la capacidad de dar muerte a toda persona cuyo nombre sea escrito en sus hojas mientras se recuerda la faz de la víctima. Así, muerte tras muerte, Light Yagami va hilando un plan cuyo objetivo final es desterrar toda maldad del planeta tierra y establecer una única autoridad suprema para preservar la justicia: el propio Light.

Destripando.

No soy fan del anime ni mucho menos, aunque como fiel e infantil seguidor de Bola de dragón, he sido de esa generación que intuyó una puerta abierta hacia otra mutación del cine de animación en los comics japoneses.

En Death Note nos encontramos ante el bien y el mal. Un duelo eterno y grandielocuente personificado esta vez por Kira/Light Yagami y L/Hideki Ryuga. El primero simbolizado en la visión utilitarista de los planes justicieros contra el mal; el segundo, un detective snoob con síntomas de Asperger muy parecido al Sherlock Holmes de toda la vida. Ambos, comandarán 37 capítulos (en dos partes, Death Note: Visions of a god y Death Note: L´s succesors) con un ritmo y una originalidad tremendas.

Si algo destaca en Death Note es en su sentido de thriller. Más allá de la mitología, de los shinigamis (los dueños de los cuadernos) y de los humanos, el hilo argumental está férreamente sostenido por la historia de Light Yagami en su intento de repartir justicia internacional, de las elecciones que toma, de las causas, las consecuencias y las tensiones de estas. Todo en Death Note en sus primeros capítulos engloba las sensaciones de película agobiante, extrema e intensa que sólo desprenden los buenos thrillers. Death Note marca muy bien la conversión de un modelo ejemplar que representa el estudiante Light Yagami en un inteligente, frío y calculador asesino apodado Kira.

Y su antítesis: L. El detective número uno del mundo oculto tras una letra. Nadie le ha visto, nadie conoce su rostro y sin embargo todo el mundo ha oído hablar de él. De su leyenda, de su trabajo, de su éxito en los casos en donde la policía y los servicios de inteligencia de todo el mundo (Interpol, CIA, etc...) habían fracasado. Kira encontrará en L a su némesis, un agente que trabaja con métodos deductivos y que no dudará en poner al límite a todo quisquie con tal de probar sus teorías.

En estos dos personajes recae la trama de la película y prácticamente el peso de la mayoría de los capítulos. Death Note acaba muy bien la primera parte: temeroso, excitado e incrédulo acaba el espectador. Si bien en la segunda parte -L´s succesors- es más de lo mismo visto anteriormente en la primera; sí destaca por la apertura de ese mundo claustrofóbico que era el enfrentamiento de las dos mentes. La trama se abre a otros personajes de todo tipo y calaña: desde los superdotados detectives -sucesores de L- hasta los altos directivos de una empresa de Japón, desde las filias y fobias de los policias hasta las batallas por los cuadernos de Kira.

Death Note tiene una primera parte excepcional, apoyada en el desarrollo de los personajes y en un sonido excepcional. Death Note tiene una segunda parte espectacular, donde se mueven bandidos, policias, agentes secretos y corporaciones sin que se distinga muy bien quien es el bueno y quien es el malo. Pero, sobre todo, Death Note tiene la capacidad de imbuir al espectador en un metraje que rezuma tensión, intriga, fragancia de clásico, muerte y mucho vicio ánime.

PD: A descartar por el aquí presente los créditos, tanto iniciales como finales, cuya música rockera-punkera no encaja ni mucho menos con la trama musical que se oye durante el desarrollo de los capítulos, algo sutil y perfecto.

miércoles, 10 de febrero de 2010

The code

Keith Ripley es un legendario ladrón de guante blanco, el mejor en su especialidad. Para saldar una antigua deuda, se dispone a robar unos huevos de Fabergé inexistentes para el mundo y de gran valor. Ripley, con ayuda de Gabriel, un joven especialista en robos, decide robar los huevos e intentar esquivar al agente Weber, un policía astuto que lleva tras su pista desde hace mucho tiempo.


Destripando.

Keith Ripley (Morgan Freeman) se dispone a robar unos huevos inéditos de Fabergé con la ayuda de Gabriel Martin (Antonio Banderas), para saldar una deuda pendiente que le costó la vida a su antiguo socio, padre de Alexandra (Radha Mitchell), una abogada y protegida de Keith. Pero el robo se irá complicando en la medida que el teniente Weber (Robert Foster), un policía que lleva años tras la pista de Ripley, cierre el círculo en torno a este en una trampa calculada. Para colmo de males, Ripley tiene que solventar la ardiente relación entre Gabriel y su ahijada, a fin de que no cometan estupideces.

The code es una buena película si no esperas nada de ella, porque nada ofrece. A simple vista, The code rememora las últimas películas de robos sin daños: la saga Ocean´s, La trampa, El secreto de Thomas Crown, The Score...

Lo que The code nos ofrece es más de lo mismo: un botín, ladrones sagaces, un policía pertinaz, una deuda que pagar y por eso robamos, un malo malísimo (ruso, ex-antiguo KGB, seguro) y un espléndido y sofisticado robo.

El caso que el film, a medida que transcurre, cuenta todo de forma mecánica, sin esforzarse nada en parecer innovador, fresco. Es simple y llanamente una suma de hechos que se entrelazan y luego se desenlazan sin mayor dificultad, ni para el director, ni para los actores, ni para el espectador. Las tramas se centran en el pasado de Ripley sin mucha convicción, en el rápido escarceo amoroso de Gabriel con Alexandra, y en el robo para pagar una deuda.

Este último suele ser el que mayor golpe de efecto suele causar en los filmes anteriormente pronunciados. El caso es que en The code todo el robo -el estudio del lugar, la preparación, la planificación, la acometida y el desarrollo del robo- tiene una profunda vacuidad. No hay ni una gota de suspense o gratificación para el espectador, ni siquiera se esfuerza por despertar el interés de este. Como si todo fuese enlatado y listo para servir, así de fácil.

Si al robo, que no es espectacular, le sumas unos actores sin profundidad, un guión rectilineo y un rodaje sin pulsiones; resulta que el montante total es una película anodina en donde sólo se intuye la diversión en los sitios más recónditos: gestos del gran Freeman, Banderas en el papel monocorde de galán -con los cuarenta lejanos y, por cierto, en el mismo papel que hacía allá por los noventa-, y las curvas juveniles de la fémina de turno. Nada más.

No hay mucho que ver porque el metraje ofrece pocos alicientes. Así que tómense la cosa con calma y hagan palomitas para pasar el rato.

jueves, 4 de febrero de 2010

Avatar

Después de la muerte de su hermano, Jake Sully se embarca como piloto de Avatar para una corporación que quiere explotar la riqueza del planeta Pandora. Su misión: conducir un avatar, mezcla de humano y Na´vi (nativo del planeta), y proteger a un grupo científico mientras exploran el planeta.
Los problemas para Jake surgen cuando un mujer Na´vi le salva la vida y le introduce en las costumbres de su raza. Pronto sentirá la fascinación por aquella raza tan unida a la naturaleza y luchará por proteger Pandora de los intereses de la corporación.

Destripando.

¿250 millones? ¿O eran 300 millones? Avatar, una de las películas más caras de la historia del cine, hace su presentación con una historia ya vista y unos efectos especiales nunca vistos.

Jake Sully es reclutado por una empresa para defender los intereses económicos en el planeta Pandora. No es ni más ni menos que la extracción de un mineral valiosísimo que permitirá solventar los problemas que por el año 2154 tendrán los humanos. El único obtáculo serán los Na´vi, nativos del lugar que tienen su hogar justo encima del mayor yacimiento. Para intentar convencerlos/echarlos/engañarlos, Sully y un equipo de pilotos de Avatares (nativos creados en laboratorios cruzando su ADN con el ADN humano para así conectar mentalmente con estos y poderlos pilotar) se internan en la selva con el propósito principal de pactar con los Na´vi y que se vayan. Pero lo que no saben los humanos es que la conexión de los Na´vi con Pandora es a todos los niveles, una conexión que no se puede comprar y por la que están dispuesto a luchar y morir. Jake Sully va tomando partido del lado de los nativos al entender y apreciar su cultura, sus costumbre y su fuerte conexión con la naturaleza.

Desde el punto de vista técnico, Avatar es impoluta y perfeccionista. Desde el punto de vista del cinéfilo: es una película más, la historia de Pocahontas en otro lugar y con otras personas. Desde el punto de vista del espectador: es un entretenimiento agradable. Desde el punto de vista del espectador ávido de sagas interestelares y juegos de rol: Avatar es un universo ignoto que explorar, con su propía mitología y con el clásico enfrentamiento entre las fuerzas del bien y del mal.

Y es en este último punto donde Cameron se sale con la suya. Manteniendo la calidad de este film en base a efectos especiales y diseños espectaculares, el director puede rodar todas las películas que se le antojen. Este mundo que presenta puede llegar a ser tan extenso y tan (no lo neguemos) lucrativo como las mayores sagas de los últimos tiempos: la antes mencionada Star Wars, Resident Evil, Indiana Jones, Back to the future y un largo (y lucrativo) etcétera.

De la película: las escenas en la jungla, las escenas en la base, en definitiva, todas las escenas que derrochan tecnología de por medio son sencillamente perfectas (viéndolo en 3D, más). La recreación del mundo Pandora nos da buena muestra del por qué de tan elevado presupuesto. Todo es sencilla y llanamente perfecto, a la altura del hasta ahora inalcanzable mundo Pixar.

Si Cameron se mueve bien sobre la historia como ya lo hizo George Lucas o Spielberg en su momento, puede que nos encontremos ante un evento como lo fue El Señor de los Anillos de Tolkien a mediados del siglo pasado.

Y qué quieren que les diga, para un servidor aquí presente, este tipo de universos e historias enganchan de principio a fin. Sólo rezo para que Cameron no resbale ante tan pantagruélico reto.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Taxi to the dark side

Dilawar proviene de una familia de campesinos. Se hace taxista para traer dinero a casa. Su calvario empieza cuando en el invierno de 2002 es detenido por aliados americanos y trasladado a la prisión de Bagram.
Alex Gibney utiliza esta historia como hilo conductor y feroz crítica a la represión de los Estados Unidos durante la guerra afgana e iraquí y, más concretamente, sobre las torturas que llevaron a cabo miembros del ejército americano siguiendo directrices desde Washington.

Destripando.

Duro documental, ganador de un Oscar, que muestra con claridad meridiana el horror de la guerra de Afganistan e Irak. De como la población detenida sufrió humillaciones y vejaciones enmarcadas en el terrible círculo del contraterrorismo estadounidense.

Taxi to the dark side desgrana en su metraje las claves (causas y consecuencias) de la guerra que inició la Administración Bush después del 11-S. La barbarie humana que supuso -y supone- el inicio de dos guerras, el empleo de la mentira hacia el pueblo norteamericano y la estrategia planificada de la guerra. Y mucho más allá de todo eso: el uso de tacticas sistematizadas y estudiadas para la obtención de información mediante tortura.

Si en algo da preferencia el documental, es al uso ilícito -y legitimado por el gobierno- de la tortura en todas sus categorías y fases, sin importar el daño, para la obtención de información que ayudase a la lucha contra el terrorismo. Ahí es donde entra Dilawar, un campesino afgano que trabajaba de taxista antes de ser apresado junto a tres pasajeros y llevado a la prisión de Bagram. En esta prisión, se encontraría con los métodos que después se emplearían con terrible eficacia en la archiconocida prisión de Abu Ghraib.

Gracias al excelente trabajo de Gabney, todos podemos asistir a las pruebas y los testimonios de soldados, militares destinados a Irak, altos mandos y periodistas que describen fríamente los últimos días de Dilawar en Gabram. Obtiene de estos la rutina diaria en una cárcel de tortura: las palizas, los escarnios, las posturas forzadas, el sueño interrumpido, las burlas... Todo ello al amparo de los oficiales superiores.

Y cuando ya creemos presenciar el caos de la dignidad humana, Gabney nos adentra más profundamente en la destrucción de esta cuando decide escalar por la columna de mando. Respondiendo a las preguntas: ¿Quién consintió? ¿Quién planificó? ¿Quién dictaminó que torturas se emplearían? ¿Por qué? Gabney desgrana y desenmascara a los verdaderos artífices del golpe, de la guerra, al brazo ejecutor que no es otro que la pléyade burocrática que aprovechó el golpe del 11-S para practicar la guerra sucia contra los terroristas. Con los servicios de inteligencia y el ejército como punta de lanza y el consentimiento de una nación sometida al miedo como escudo.

Lo más descorazonador es comprobar -como siempre- que las culpas caen hacia abajo, que los protagonistas de corbata salen bien librados de la peste que humea en sus decretos y en sus acciones. Y que los mayores verdugos en el terreno salieron sin escarnio del asunto.

Eso es lo escalofriantemente palpable de Taxi in the dark side. Un puñado de personas, apoyadas en el hueco abstracto que había en las leyes internacionales, cometieron crímenes de lesa humanidad con el consentimiento, la indiferencia y la impotencia de todos los demás.

Un puñado de personas que pertenecen a la nación más poderosa del planeta, símbolo y estandarte de los valores democráticos, luz que ha de guiar al mundo. Personas que nunca conocerán el sufrimiento que derrocharon y nunca pagarán por lo que hicieron.

Qué terrible infamia.