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martes, 15 de diciembre de 2009

Mary & Max

Mary Daisy Dinkle es una niña de 4 años que no tiene amigos y vive en Australia, para revertir esta situación, no se le ocurre nada mejor que escribir a una dirección de una guía de teléfonos de New York. Max Jerry Horowitz es un señor antisocial que vive en el corazón de New York y cuya unica amistad nace de las cartas que le envía una niña al otro lado del mundo.


Destripando.

Mary & Max anuncia en sus primeras líneas lo que la película nos va a mostrar: una amistad epistolar entre una niña curiosa de Australia y un hombre anti-social de New York.

Lo que puede parecer algo inocente en un principio, se va convirtiendo por méritos propios en una sucesión de escenas profundas, con personajes de carne y hueso que ahondan en la tragedia que es este mundo sin un ápice de dramatismo y con una desenvoltura al alcance de muy pocos. La aventura que inicia la pequeña Mary está llena en todo momento de un humor fino que se filtra en cada plano de la película (un gran punto a favor, sin duda). Con un diseño visual arriesgado y unos dibujos a la altura de los personajes (impagable los pequeños gestos de plastilina), todo encaja perfectamente en el pequeño mundo del stop motion que el espectador puede notar como un mundo tan real y maravilloso como surrealista. Tan fascinante y feliz como triste y cruel.

Algo espectacular a tener en cuenta para Mary & Max es que sus epístolas translucen, en un primer momento, la inocencia de la infancia, el despertar de la adolescencia y la llegada a la madurez; y que esto, a medida que avanza el metraje, mezcla perfectamente con ese otro mundo en el que viven inmersos sus personajes: un mundo inhabitable, trágico, incomprensible, triste, espartano y fatigoso.

Es aterrador comprobar como el mundo de Max y Mary, por muy lejanos que estén, carecen totalmente de algún ápice de esperanza o belleza. Y aún así, te dejas fascinar por ambos, por el humor que sus dudas plantean y por la fuerza que radica en sus vidas, en sus pequeños actos. Por todas y cada una de las cosas que se muestran en la pantalla.

Lo que Mary & Max nos deja es una peripecia vital en toda regla. Algo que cala hondo, más allá del humor que la película derrocha, queda un poso existencial que sólo las grandes obras han podido transmitir al espectador con asombrosa facilidad como ahora lo hace este maravilloso film.

Quizá lo más asombroso es darse cuenta de que con estos seres disfuncionales y de plastilina también pueden florecer los sentimientos atemperados, los sentimientos que escondemos en nuestra coraza de carne y hueso.

Todo un logro, sí, señor.

sábado, 12 de diciembre de 2009

Signs

Graham Hess, un ex-reverendo que ha perdido la fe después del trágico fallecimiento de su esposa, vive con su familia en una granja en la pequeña localidad de Doleystown. Allí descubre por sus hijos lo que parecen unas señales realizadas en su cosecha. Señales que aparentan tener un carácter marciano.



Destripando.

Ya os lo dije en algún post anterior y os lo vuelvo a repetir: Shyamalan me tiene agarrado por los órganos reproductores, así que si ordena silbar, silbo.

Su cine se me ha revelado como uno de los sellos imperecederos en el género de la intriga (que no del terror) con películas como esta que hoy se nos presenta: Signs.

En Signs, Shyamalan se introduce en la familia de un predicador, Graham Hess (Mel Gibson), para relatarnos el fin del mundo de la mano de una invasión extraterrestre.

Así es, ni más ni menos, la pequeña hazaña del director. Aunque uno de los temas que más ocupa en la pantalla sea la pérdida de la fe por parte de un hombre religioso al ser maltratado por la vida, para mí lo realmente asombroso es lo relatado anteriormente: como en el culo del mundo se puede vivir una invasión extraterrestre con una emoción y una tensión pocas veces vista por el autor aquí presente.

Inspirado por H. G. Wells y varios de los clásicos de antaño, el talento que nace de Shyamalan se traduce en la creación de planos y en el movimiento de la cámara para contarnos la historia. Ahí es donde tiene el genio su genio. Un genio con una potencia y una precisión únicas, claro. Con un pulso férreo y sabiendo en cada momento cuántas gotas hay que echarle al tema, Shyamalan hace que apretemos el esfinter de tal forma que no podamos articular palabra ante la pantalla.

Hay que destacar el gran trabajo de los actores. Mel Gibson como Graham Hess nos deja una buena interpretación; Joaquin Phoenix como Merrill, el hermano pequeño, también está a la altura (lástima que se le esté yendo la perola); y los niños Rory Culkin y Abigail Breslin, Morgan y Bo Hess en la película, respectivamente están sensacionales como correa de transmisión durante toda la historia. Su interpretación nos deja escenas llenas de intriga, inocencia, tensión, humor y terror.

Para la duda dejo si es acertado mostrar al monstruo, al protagonista de las pesadillas. En toda la película no se muestra nítidamente y eso es precisamente lo acertado de la propuesta, el temor a lo insondable. Es curioso que la tensión se desvanece en el tramo final justo cuando el invasor muestra su cara, es ahí cuando la película pierde entereza y todo se va desmoronando en tópicos.

Qué grande hubiera sido si hubiese continuado con las propuestas de algunas escenas al final: el enemigo a través del reflejo. Nunca de cerca, sólo susurrado, siempre protagonizando la ingrata percepción de que el monstruo es horripilante, terrorífico, malvado.

Para quitarme el mar sabor de boca pensé en como utilizó el televisor (fíjate tú): ese denostado aparato que hace que nos retorzamos de dolor cada vez que vemos su programación y, sin embargo, que esplendor de cacharro cuando nos cuenta que el mundo se está yendo al garete imagen tras imagen.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Anthony Zimmer

François Taillandier es un hombre recién divorciado que se ve implicado por accidente en la búsqueda de un peligroso mercenario: Anthony Zimmer. A este hombre le buscan tanto el servicio secreto francés como la KGB, unos con el objetivo de detenerle, otros con el objetivo de matarle.



Destripando.

Interesante thriller gabacho que centra su argumento en la búsqueda del mercenario Anthony Zimmer, el cual, huido de la justicia, es buscado por evasión y blanqueo de dinero. Tan peligroso es Zimmer como violenta es la persecución: el servicio secreto francés, encabezado por los agentes Chiara (Sophie Marceau) y Akerman (Sami Frey), como el antiguo KGB, dirigido por el siniestro Nassaiev (Daniel Olbrychiski) intentarán cazarle. En tan frenética persecución se enreda Françsois Taillandier (Yvan Attal), un turista que es confundido con Anthony Zimmer.

Anthony Zimmer no es mala película en su inicio y en su desarrollo. La tensión y el argumento se van desgranando y van increscendo según la trama va concluyendo. A su paso podemos ver las oscuras artimañas y los terribles métodos que son utilizados en pos de una persecución que dejará sin aliento al espectador, o por lo menos mantendrá a este en su asiento.

A medida que la película avanza, he sentido dos cosas: la primera es notar un cierto halo de semejanza en algunas expresiones de Yvan Attal con el todopoderoso Robert de Niro (el joven, claro...). A medida que transcurre la película, no he dejado de notar estas similitudes en pequeñas miradas, en pequeñas expresiones que me recordaban al rey del Bronx.
Lo segundo, es la increible pulsión hacia el camino del amor (y de la desesperación, claro) por Sophie Morceau. Cuando el metraje andaba por la mitad, sus pequeños gestos me habían cautivado hasta lo extremo, deseoso de ver más de su expresión, de su cuerpo y de su cara...

Y así se ha ido desgranando el argumento hasta un final que... ¿os he comentado la pasión naciente por Sophie Morceau? Creo que es el principio y el final de la película. Ella y nada más que ella.

Detrás de ella, de su sencillez, se va escapando una buena historia que en su desenlace recuerda a otras cientos de miles de películas... Claro que si uno mira de reojo, e imagina a Robert de Niro en estado de gracia acercándose a Sophie Morceau... Todo thriller puede convertirse en obra de arte, ¿no?

jueves, 3 de diciembre de 2009

As good as it´s get

Melvin Udall es un escritor racista, antisocial y con claros síntomas obsesivo-compulsivos. Carol Connelly es una camarera solitaria que vive con su madre y su hijo enfermo. Simon Bishop es un pintor gay que cae en la desesperación más absoluta cuando es asaltado en su propia casa. Melvin ayudará a Bishop y a Connelly sin saber las terribles consecuencias que conllevará para su vida rutinaria y obsesiva.


Destripando.

Melvin Udall (Jack Nicholson), escritor de novelas románticas y con trastorno obsesivo-compulsivo, se verá coartado por Frank Shachs (Cuba Gooding Jr.), marchante de arte que trata al pintor Simon Bishop (Greg Kinnear), para que cuide el perro de este último. Este pequeño "favor" desencadenará una sucesión de hechos que pondrán en peligro el estilo de vida acomodado y monótono de Melvin.

Han de saber que uno de los firmantes en la película es el legendario Mel Brooks. Sólo con este nombre ya bastaría para definir el fino aroma que desprende As good as it´s get. Aunque el envoltorio lleve el sello de comedia romántica, en esta película se deja entrever un cine que va más allá del argumento del amor. Puro cine que explora sin límites las tragedias diarias, humanas, deprimentes y paranóicas de los seres humanos. Y todo ello vestido con un humor y unas escenas hilarantes.

A parte del señor Brooks hay otro gran punto a destacar: Melvin Udall. Este gran personaje, que borda Jack Nicholson (uno de los mejores para el aquí presente), sirve de cimiento para que se construya sobre él toda una ópera al buen cine. Al cine con mayúsculas, al que se saborea y con el que uno disfruta. Vamos, cine Mel Brooks.

El resto del elenco cumple con creces el pulso del señor Nicholson y ayudan a la película con unas interpretaciones que marcan en ambos extremos de la película: en la comedia y en la tragedia. Porque si algo tiene esta película, es una increible facilidad para ir de un polo al otro con una facilidad y una sencillez acongojantes.

Además, el hilo conductor que supone la metamorfosis de Melvin nos lleva a una catarsis con el antes y el después, con sus penas y sus alegrías. Es esta metamorfosis el mejor epílogo de una película que saboreas en su desarrollo y te marca en su final.

Al fin y al cabo, intentar ser mejores personas nunca está de sobra en este mundo, ¿no?

viernes, 20 de noviembre de 2009

Brick

Brendan recibe una llamada de su ex-novia, Emily, aterrorizada. Dos días después yace muerta en un desagüe de la ciudad. Brendan, con ayuda de su amigo The Brain, comenzará la peligrosa búsqueda de respuestas al homicidio de Emily y al nombre de su asesino.


Destripando.


Interesante thriller urbano que se adentra de una manera hábil y subrepticia en el mundo de las drogas.

Un muchacho adolescente haya el cuerpo inerte de la que antaño fuera su novia. Buscando la verdad y con ayuda de su amigo The Brain, Brendan se adentrará en los ambientes del tráfico de drogas para descubrir al asesino y descubrir las razones del homicidio.

Una película interesante, que habla con un estilo personal, a veces lleno de humor y otras veces lleno de tensión. Cine que juega visualmente con el espectador y al que enreda con una trama muy bien vestida por el decorado; equilibrado entre las sordidez, la elegancia y lo terrenal.

El único punto en contra que encuentro es la post-adolescencia del elenco actoral. No me creo que acciones de tamaña magnitud sean perpetrados por gente veinteañera. Aún así, se reconoce el gran trabajo de todos los implicados y se agradece en gran medida el halo de belleza clásica con el que cubre Nora Zehetner su papel de Laura. Además, una vez metido en el visionado y conociendo la juventud de hoy en día, ese punto en contra se vuelve abstracto.

Hay algo latente en el metraje de Brick, no sabría decir muy bien que es, pero es posible que la definición buscada rememore el estilo y la magnitud a las grandes obras del género. Lo que está claro es que Brick se sitúa por encima de la media en las propuestas del cine de hoy. Se echan de menos este tipo de apuestas.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

The Birds

Melanie Daniels va en busca de un regalo para su tia a una pajarería. Allí, Mitch Brenner, un abogado criminalista de San Francisco, le confunde voluntariamente con una dependienta y le pide una pareja de aves para el cumpleaños de su hermana pequeña. Melanie, ni corta ni perezosa, le devolverá la broma en una jugada maestra: le llevará los pájaros que pidió hasta la misma puerta de su casa en el pequeño pueblo de Bahia Bay.



Destripando.

Y así se inicia la que para mí es toda una película de ciencia ficción, de terror, de caos.

No se si sabrán de mi pasión por la desesperación humana justo en los momentos de la extinción como raza, por si acaso ya les digo que mi interés por humanos preguntándose el por qué de lo que les ocurre mientras fenecen a manos de poderes desconocidos es un jugoso paladeo para mis ojos, un goce visual.

En The Birds se dió la ocasión tan rara (casi como cuando se alinean los planetas) de que todo un maestro en el cine del suspense contrastado atrapa un guión de catástrofes sobrenaturales. Así es como se muestra esta película. Lo que parece ser un comienzo de comedia romántica al uso, se acaba convirtiendo en toda una debacle humana con la mejor banda sonora posible: graznidos de cuervos. Acompañado, claro está, de la mano del genio, del maestro. Hitchcock se mueve en diversos escenarios de la bahía y prepara bien la acometida de sus vengativas aves. Nos raciona el oxígeno con un pulso inigualable: la aparente tranquilidad de un pueblo costero, el misterio que acompaña a los primeros ataques, el desasosiego que produce una realidad imposible, el drama de los caídos, el pánico de las víctimas, las preguntas en la desesperación del populacho.

Toda la película está llena de perlas: la escena de Tippi Hedren esperando a los niños a la salida del colegio es inmortal. Y la escena que se desarrolla en la cafetería todavía me deja estupefacto: pánico, incredulidad, miedo, humor punzante...

The Birds supone para mi un regalo caído del cielo. Es como si Spielberg o Scorsese se pusieran a rodar una de zombies. Lástima que no tengan un talento y una factura como el director que aquí se menciona con auténtica devoción.

Postdata: he leído algunas reseñas que indican que el señor Hitchcock tenía en mente otro final distinto que por motivos económicos no pudo realizarse. Al llegar los aliviados supervivientes a San Francisco se encuentran el famoso Golden Gate lleno de enemigos alados.

Otra prueba más de que Dios no existe. ¿Quién, en su infinita sabiduría, negaría el placer de filmar esta escena a Sir Alfred?

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Battlestar Galactica (2003)

Los Cylons fueron creados por el hombre.
Evolucionaron.
Se rebelaron.
Hay muchas copias...
...y tienen un plan.


Destripando.

¿Qué somos? ¿Qué razones nos mueven a hacer lo que hacemos? ¿Por qué somos así? Todas esas preguntas, tan profundas y ambiguas, entran en dos palabras: Battlestar Galáctica.

Unos pocos supervivientes de la raza humana, al borde de la extinción por un ataque cylon nuclear, viajan a través del espacio huyendo de los monstruos mecánicos e intentando buscar esperanza en ese gran vacío que es el universo.

¿Qué hacer cuando la raza humana puede desaparecer?, ¿cómo sostenerse cuando los seres más queridos han perecido a manos de una creación propia?, ¿cómo adaptarse a la pura supervivencia? Y lo más importante: ¿a dónde ir?

Battlestar Galáctica sorprende por su argumento, por su arriesgada temática, por sus tramas complejas en sus cuatro temporadas, siempre dirigidas hacia algún lugar desconocido. Por su acción, por su guión bien hilado y por los personajes que protagonizan esas historias, personajes complejos que se mueven en un mundo que ha caído, que guían sus vidas sin más atisbo de esperanza que morir rápido y sin sufrimiento. Todo ello hace de Battlestar Galáctica una epopeya con sus propios dioses, creencias, mitos y tradiciones, con sus héroes y sus villanos.

Más allá de una quimera galáctica de ciencia ficción y de los ecos de Star Treck o Star Wars; Battlestar Galáctica destaca por su honda reflexión sobre el ser humano, sobre sus razones y sus sentimientos que le llevan a los extremos de la destrucción y de la creación absoluta. Descubriéndose a sí mismo en un punto no muy lejano a los Cylons, con sus defectos y sus perfecciones, con su amor y su odio, con sus decisiones y consecuencias, con su principio y su final. Final que muchas veces no termina en la propia muerte.

sábado, 24 de octubre de 2009

Weeds

Nancy Botwin, mujer recientemente viuda y con dos hijos, decide convertirse en traficante de marihuana para poder pagar las deudas que se le acumulan. En su descabellado objetivo le ayudarán su cuñado y sus amigos más cercanos.

Así, Nancy y sus amigos empezarán un negocio lucrativo y subrepticiamente permitido en todos los estratos de la tranquila y elitista comunidad de Agrestic.

Destripando.


Weeds tiene cinco temporadas, a la espera de la sexta, voy a destriparla quirurgicamente. Como ya he comentado en otras críticas, no me gusta destripar una serie sin que esta haya acabado; ya que lo que hoy es de gran valor, quizá mañana deje de tenerlo. Aún así me voy a arriesgar, dado que la serie se merece por lo menos unos párrafos del que aquí escribe.

Nancy Botwin (Mary Louise Parker) queda viuda cuando su marido Judah (Jeffrey Dean Morgan) sufre un ataque al corazón mientras realizaba ejercicio con su hijo pequeño Shane (Alex Gould). Acuciada por las deudas, Nancy tomará la más descabellada, solícita y peligrosa medida: vender marihuana. En la ingente labor, poco a poco, irá involucrando a sus amigos más cercanos (su vecina Celia y el marido de esta: Dean Hodes; el alcalde de Agrestic, Doug Wilson; su cuñado Andy Botwin) y a su propia familia en el submundo del tráfico de marihuana.

No desentrañaré el argumento ya que en cinco temporadas suceden demasiadas cosas como para ponerlas en un papel, además voy a centrar mi crítica en la visión general de la serie, así el que quiera verla tiene garantizado mi clausula de confidencialidad.

La serie a mi parecer se apoya en tres pilares: su protagonista (Mary Louise Parker), el reparto que le salvaguarda (grande Justin Kirk desde el principio, grande Kevin Nealon, escandaloso el joven Alex Gould, el más pequeño y analítico de los hijos...) y el humor del que hace gala la serie.

Dispara contra todo y contra todos. Si hay algo en Weeds que sobresale es el humor salvaje, visceral y destilado que se encuentra a lo largo de la serie. Con grandes dosis de socarronería, el humor hace que todo engrane desde el primer momento, sobre todo para combatir los puntos negativos que tiene la sociedad americana (y practicamente de cualquier otra sociedad) como son: drogas, infidelidad, moralina, religión, raza, sexualidad...

Apoyados en guiones contundentes, los personajes se van revelando contra su estereotipo asignado y se descubre en ellos a auténticos drogadictos, pervertidos, masoquistas y gente cargada de prejuicios de toda clase. En Agrestic, ciudad residencial donde transcurren sus primeras temporadas, se va observando la doble cara de una sociedad perfectamente moralizada en las leyes y pervertida en la práctica. Allí donde menos lo puedas esperar ves una raíz perteneciente al mundo de la droga. Y es ese mundo el que toman los personajes como normal y lo muestran sin ningún atisbo de vergüenza o temor a escarnio público. Quizá radique en este punto una de sus mejores bazas.

Como punto negativo puedo decir que habiendo visionado las cinco temporadas emitidas, puede que no sea muy estricto a la hora de responsabilizar y culpar a los protagonistas por sus situaciones temporada tras temporada. Es decir, en el mundo de hoy dudo que nuestra adorada y valiente Nancy no hubiese acabado en cualquier vertedero o cuneta mediada la primera temporada. Salvando este punto, Weeds encabeza las series que mejor mezclan el drama, lo cómico, la intensidad en las interpretaciones y las situaciones hilarantes.

Ver el tridente Dean Hoges-Andy Botwins-Doug Wilson (Miller-Kirk-Nealon) a lo largo de las cinco temporadas no tiene precio. Estos tres son una de las mayores sorpresas tanto a nivel coral como individual (quizá Wilson cause repetición durante esta quinta temporada). Bien es cierto que los productores pueden continuar con la serie cinco o diez años más sólo basándose en estos tres personajes.

Lo mejor de Weeds es que más allás de las situaciones surrealistas de porreros y mujeronas, se destila en sus temporadas (sobre todo en la primera) una fuerte crítica al establishment que prohibe el consumo del cannabis (y a la vez se beneficia) y un ejemplo mordaz y real sobre el uso del opiáceo en la sociedad de hoy. Con sus causas y sus consecuencias.

sábado, 17 de octubre de 2009

Let the Right One In

Oskar es un muchacho de doce años, sus padres están separados y vive con su madre, unos compañeros de colegio no dejan de acosarle y acaba de conocer a su joven vecina llamada Eli. Pronto, Oskar descubrirá todo un mundo oculto en los enigmáticos ojos de la chica y los temibles secretos que puede ocultar una niña de su misma edad.


Destripando.

Toda una sorpresa esta Låt den rätte komma in (en español recibió el título de Déjame entrar) para un inexperimentado en lo que respecta al cine sueco. Y más sorpresa aún cuando percibo que la película trata sobre el género de los vampiros.

Oskar es un chico de doce años y como es propio de su edad se aburre, se divierte, juega, es acosado por compañeros de colegio y no tiene ni idea de muchas cosas. Conoce a su nueva vecina, Eli, una chica enigmática y bastante rara la cual no toma dulces, no recuerda el frío y resuelve el cubo de Rubbick en un tiempo récord. El desarrollo de la película desgrana la experiencia vital de los dos protagonistas y el desarrollo hacia la madurez de ambos.

La película es lenta, sorprendentemente sombría, metículosa en sus detalles, siniestra, bien filmada y con una originalidad única: la perspectiva del vampiro vista desde los ojos de una niña. Y no crea el espectador que por tener niños en el film va a ser más ligero su contenido, ni mucho menos, el metraje tiene todos los ingredientes del género: muerte, sangre, luz del día, animales que odian a los vampiros, contagiados, víctimas, asesinatos, etc. Aunque hay que notar que más allá de la película de vampiros, está la historia que surge de la amistad de dos críos. El film es perturbador, mezcla sin ningún pudor el amor, los vampiros, la carnaza humana y riega todo ello de un humor fino, negro y exquisito.

La película es lírica pura, la cámara se mantiene en todo momento en un estado de gracia tal, que nos permite sentir cualquier sentimiento reflejado en la pantalla. A destacar el trabajo de la chica: Lina Leandersson, cuya dulzura y belleza femenina compagina de maravilla con su vertiente vampírica, salvaje y sanguinolenta. Y el chico, Kare Hedebrant, el cual tiene momentos de humor sublimes (sus primeros planos no tienen desperdicio).

Let the right one in puede posicionarse muy facilmente entre las películas de vampiros por excelencia, esas que se recuerdan como míticas. Quizá el tiempo le de la razón al metraje, ya que algunos de mis conocidos todavía no se han dado cuenta de lo que tienen entre manos.

Unbreakable

David Dunn es el único superviviente de un accidente ferroviario. Sin ningún rasguño o herida, David se cuestiona con ayuda de Elijah Price, un tratante de comics, su propia naturaleza y su destino en el mundo en el que vive a partir de este funesto accidente. En su búsqueda reconstruirá su pasado dando luz a secretos temibles e inciertos sobre su identidad.


Destripando.

No os voy a engañar: Shyamalan tiene una parte significativa de mi alma. A través de su filmografía me fui enamorando de su forma de hacer cine, sobretodo del fulgurante manejo de la cámara.

A Shyamalan se le ha tachado de mediocre en el arte del cine de terror. Y creo que este es un error de marketing de los gordos. Sus películas, desde The sixth sense, han sido publicitadas como obras de terror, obras que daban miedo. Pero el auténtico cine que late en los filmes de Shyamalan es el del suspense. Es un genio del suspense, no del terror. De ahí creo que proviene el desencanto de un amplio sector del público que esperó en Shyamalan al nuevo Wes Craven o algo parecido.

Su filmografía juega alrededor de un eje: el miedo a lo desconocido. Signs, The Village, The happening... todas sus películas recrean el ambiente y el temor que genera el hecho de no saber. En Signs eran los seres del espacio exterior (que curiosamente ocupan un ínfimo porcentaje del film), en The Village, era el miedo a aquellos a quienes no se nombran; en El incidente, a una inexplicable obra de la naturaleza. Incluso en Lady in the water, un respiro artístico de Shyamalan, se incluye el suspense protagonizado por la amenaza de criaturas de otros mundos. The sixth sense es en realidad el desconocimiento de las personas que rodean a un niño cuyo comportamiento es extraño y que proviene de un "don": ver fantasmas. Este hecho genera pavor e incertidumbre, y más cuando el director lo mezcla con el viaje del espectador al mundo del crío.

La raíz del miedo, del auténtico miedo, radica en el desconocimiento. En Unbreakable, la trama gira en torno al misterioso poder que oculta David Dunn, un guardia de seguridad con una vida normal que sale ileso de un terrible accidente. Dónde todos fenecen, él se salva. ¿Por qué él? ¿Y si no fue casualidad? ¿Y si hay algo más? Todas estas preguntas son formuladas por Elijah Price, un tratante de arte comic con una deficiencia genética grave que ve en David a su antitesis.

Lo que más me gusta de esta película, es que contiene superhéroes y villanos, y sólo una gota de acción. Con estas, el film consigue entretenerme y gustarme. ¿Motivos? Primero, la mano de Shyamalan, con un talento único para describir y desarrollar cámara en mano toda la película (incluyendo la banda sonora y la excelencia que busca en el sonido, como muestra véase El incidente). Segundo, en la película se destila la creación de un héroe. Aún pensando que la película pueda estar carente de toda acción y pueda arrastrar al aburrimiento a los fans de Superman, subyace en el metraje la profunda reflexión que debe hacerse un hombre corriente cuando intuye que puede ser algo más que eso, que puede ser un superhéroe.

Me gusta también Elijah. De aspecto frágil y pasado demoledor que induce a la conmiseración, se descubre en él a un auténtico villano que no dudará en alcanzar su fin a costa de todos los medios. Su personaje inspira miedo cuando observas la mutación de su perfil frente a David: de ser su guía a ser su némesis. Como anécdota en la caracterización de Elijah, me gustó mucho el coche que viste, me pareció genuino.

Como punto negativo, puede que la trama tenga un final fácil y rápido, que me deja un poco decepcionado habiendo paladeado con deleite el inicio (potente la escena en el vagón) y el desarrollo de la película.

Aún así, como comenté antes, puede que Shyamalan sea el maestro contemporáneo en eso del suspense, incluso podría ser lo más remotamente cercano al celuloide del maestro Hitchcock.

Y con eso está todo dicho.

jueves, 15 de octubre de 2009

Grindhouse: Death proof

Stuntman Mike es un peligroso acosador motorizado, vaga de un lado a otro al volante de su coche "a prueba de muerte" en busca de inocentes féminas. A su paso sólo deja sangre, muerte, metal retorcido y huellas de neumáticos en el asfalto. ¿Quién será su próxima víctima? Sólo Stuntman Mike lo sabe.


Destripando.

Como comenté en el post anterior, Grindhouse: Planet terror, lo que salga del tándem Tarantino-Rodriguez siempre hay que tomárselo con precaución. Nunca sabes por donde van a salir, en que objetivo fijarán su mira. Lo único que intuyes es que estará impregnado del cine que destila cada uno de ellos a su manera: sangre, bizarrismo, sensualidad erotico-pornográfica, dialogos-monólogos y planos de extraña y privilegiada calidad.

En Death proof se encuentran todas estas gotas. La esencia pura del Tarantino que es capaz de meterte sus amados pies y sus cigarrillos Red Apple hasta que beses unos y fumes otros.

Como ya he comentado, Tarantino es capaz de hacer locuras y de hacer cine del que se aloja en la retina. Durante el visionado te pueden pasar dos cosas: que aborrezcas a la madre del susodicho o que te quedes en silencio viendo el desarrollo del metraje. A mi me sucedieron ambas. Creo que Tarantino se columpia en sus vicios en demasía (dialogo, dialogo, música, música, pies, pies, pies...) aunque también quedé prendado del aura maligna de Stuntman Mike (Kurt Rusell), un personaje que en su punto más siniestro es la representación del mal. Me hubiese gustado ver a Stuntman más dehumanizado, nada carnal... casi como el dueño del camión en el Diablo sobre ruedas.

Aún así, el señor Rusell, como tercera opción (se rumorea que el primero en la lista era Sylvester Stallone y el segundo Mickey Rourke... problemas de agenda al parecer) da el pego como el malo de la película. Lo demás: conversación, música, pies, alcohol, cigarrillos y muchos bustos y culos al mejor postor. Una pasarela deslumbrante en donde se codean dos amigas de antaño, Rosario Dawson y Tracie Thoms (vistas en Rent: la película), Zoe Bell (vista en Lost) y como elección propia, Vanessa Ferlito (siendo la antigua pasión de Tony Soprano).

No nos engañemos, gustará a los afiliados del club Tarantino y aburrirá a los demás. En mi caso, opino que nunca está de más pasar el rato en buena compañía, y una película de Tarantino lo es.

Grindhouse: Planet terror

Un pequeño pueblo se ve sumergido en una debacle traída por mutaciones genéticas que afectan a las personas. Cherry Darling, una bailarina de striptease en paro, deberá enfrentarse a esta plaga y descubrir su verdadera vocación de la mano de su antiguo amante, Wray.



Destripando.

Me sorprende que Planet terror sea, de tan hilarante, un producto (claro homenaje al cine de serie B) que bien supera a la morralla que en los últimos tiempos ocupa las pantallas.

Con un descaro y una desfachatez propias de la dupla Tarantino-Rodriguez, se presenta esta parte de la doble sesión Grindhouse: Planet Terror.

Planet terror se adentra en un pequeño pueblo cuyos aldeanos se verán en dificultades por una repentina oleada de infectados. El virus es extendido por medio de unos traficantes en la negociación fallida con soldados del ejército de los Estados Unidos. Los habitantes del pequeño pueblo tendrán que enfrentarse de este modo a los más atroces y sanguinolentos seres vivientes que sólo ansían comer carne humana.

Rodriguez va por otra senda. En sus películas se paladea el erotismo, películas de serie B, extremada violencia y humor negro. Deja un sabor parecido al cine que destila Quentin Tarantino y que, para bien o para mal, es diferente al resto. Quizá subyace en este punto una nota a favor de la propuesta de Rodriguez, aún siendo esta de lo más extravagante y exhacerbado. El caso es que cuando Rodriguez se propone contar una historia, la cuenta a su manera.

En Planet terror podemos asistir a una falta de seriedad en el guión, a una pasión por mostrar carne humana en putrefacción y a un desaforado uso del videoclip... Pero también se esconde entre la sangre el pulso de un cinéfilo, escenas de auténtica tensión y personajes que merecen un visionado (Josh Brolin y Marley Shelton en el hospital están geniales).

Aunque no pasara el corte para otros, mi pasión por los zombies no tiene límites y por lo tanto Planet terror está dentro de mi corazón. Llena mi mochila de acción, carne tierna, bestialidades varias y ropa femenina innecesaria y eminentemente corta (¿habiendo zombies que pintan tías en bikini?). Planet terror rebosa filia por la serie B, rebosa el apellido Rodriguez por todas partes (Dirección, guión, música... y su hijo delante de la cámara) y como parte de ese apellido, la película rebosa personalidad y la sensación de que se lo han pasado bomba en el rodaje.

Además está Bruce Willis. El infravalorado y sobrevalorado intérprete que todo lo puede y que viste cualquier papel que realiza con su simple aura de actor legendario. Tan chalado que es capaz de decir que sí a un tipejo mexicano apellidado Rodríguez, amigo de Tarantino para más inri.

viernes, 9 de octubre de 2009

L. A. Confidential

"Vengan a Los Angeles. Aquí brilla el sol, las playas son grandes y apetecibles, y los campos de naranjos se extienden hasta donde alcanza la vista. Hay empleos de sobra y los terrenos son baratos. Todo trabajador puede tener su propia casa y dentro de cada casa hay una típica familia americana feliz. Se puede conseguir todo esto y quien sabe, incluso ser descubierto, convertirse en una estrella de cine o al menos, ver una. La vida en Los Angeles es fantástica, es un paraíso en la tierra. Al menos eso es lo que dicen..."
Sid Hudgens
In the joint wiht Mickey C


Destripando.

En Los Angeles ocurren muchas cosas. La corrupción, el soborno y la droga están a la orden del día y lo peor de todo es que estos ingredientes corrompen a cualquiera: negro o blanco, rico o pobre, ladrón o policía. Ed Exley (Guy Pierce), hijo de una leyenda del cuerpo de policía, intentará por todos los medios combatir la lacra hasta en su propia comisaria, aúnque a su paso deba dejar los cadáveres de sus compañeros mediante testimonios que en poco ayudarán a su estima. Dos de estos policías, Bud White (Rusell Crowe), rudo y de modales más bien violentos contra maltratadores, y Jack Vincennes (Kevin Spacey), un detective que incluye en su curriculum golpes preparados por el periodista sensacionalista Sid Hudgens (Danny De Vito) se verán envueltos en la denuncia de Exley.

Estos tres policías se verán obligados a trabajar en busca de los culpables de la matanza ocurrida en la cafetería el búho. Poco a poco, los tres detectives llegarán a ciertas conclusiones que implicarán a personajes de alta alcurnia con la cara oculta de Los Angeles.

L. A. Confidential nos muestra una pléyade de personajes y hechos bien hilvanados en una película de corte clásico que hizo revivir el mejor cine negro. Un guión contundente y sin fisuras, una iluminación y ambientación perfectas y una cámara con latidos de cine clásico; así es el inicio, el desarrollo y el desenlace de esta película.

El elenco actoral es de lo mejorcito: Rusell Crowe, James Cromwell, Guy Pearce, Kevin Spacey, Danny De Vito. Y la gran sorpresa de la película: Kim Basinger. El halo de belleza clásica con que viste a su personaje es excepcional y turbador, merece la pena jugarse la vida y la muerte por ella.

L. A. Confidential es única. Cine clásico, cine negro, cine que a veces se extraña por estos lares y cine que se mantiene inmemorial en la retin, imperecedero en el recuerdo.

jueves, 8 de octubre de 2009

Sleepy Hollow

Ichabod Krane, inspector de policía en el Nueva York de 1799, es enviado al pequeño pueblo de Sleepy Hollow para desvelar la identidad de un asesino en serie que cercena la cabeza a sus víctimas.




Destripando.

No soy yo mucho de Tim Burton aunque, como ya relaté en otra de las entradas, su cine se acerca a la propuesta de distinción de directores como Clint Eastwood y Quentin Tarantino. Su filmografía está plagada de películas cuyo protagonista se suele mover entre la tragedia y el humor con suma facilidad. Esta lleno de personajes trágicos y atormentados, con gran fascinación por la muerte y la atracción de la oscuridad sobre la vida.

Aunque en muchas de sus películas se puede evidenciar repetición, por estos lares hay algunas propuestas aceptadas de Tim Burton en su quehacer fílmico: Beetlejuice, Batman, Big Fish.. Eso sí, para el aquí presente, la completa satisfacción llega con su película más alejada del cine que nos acostumbra: la maravillosa y clásica Ed Wood.

En Sleepy Hollow suceden extraños sucesos: cadáveres sin cabeza aparecen por doquier sembrados por un jinete sin cabeza. El detective de Nueva York, Ichabod Krane (Johnny Depp), es destinado a la pequeña aldea para esclarecer los hechos. Pronto se encuentra con que el jinete es uno más en la compleja conspiración perpretada por los ilustres hombres del pueblo.

La película tiene una ambientación conseguida en sus vestuarios y en sus escenarios. Tanto la ciudad como la aldea respiran de la atmósfera medieval y de los toques de oscuridad a los que nos acostumbra el director. Lentamente, el guión y la cámara nos conducen al temor que surge de la leyenda del jinete. Todo, tanto las escenas de acción como la investigación pausada, nos envuelven y nos retiene en el sillón hasta el desenlace final.

Para mí el punto fuerte es el jinete sin cabeza (Christopher Walken) cuyo pasado ilustrado en imágenes me encandiló por su belleza y su barbarie; y cuyos actos durante la película son auténticos baños de sangre. Porque si hay algo en lo que abunda la película es en la lascivia de sus escenas violentas: puñaladas, ejecuciones, cercenamiento de miembros, exhumaciones al por mayor... Y todo con terror, con tensión, con temor.

Como punto débil he de destacar el excesivo lirismo de los diálogos, en algunos momentos roza la zalamería, sobre todo en los referentes al amor con la joven Katrina Van Tassel (Christina Ricci). Aunque obviando estos, pude recrearme también con el humor negro que destilan algunas escenas que unidas al jinete hacen de Sleepy Hollow una verdadera carnicería sin dilaciones.

Por suerte, a parte de presenciar una contundente, terrorífica y justificada vendetta; podemos presenciar una compleja trama destilada con maestría y envuelta en atmósferas acongojantes.

miércoles, 7 de octubre de 2009

In the valley of Elah

Mike Deerfield, soldado destinado en Irak, desaparece misteriosamente durante su permiso en los Estados Unidos. Su padre, Hank Deerfield, investiga la extraña desaparición con ayuda de la detective Emily Sanders. Pronto descubrirán pistas que le llevarán a descubrir una verdad cruel y terrible.


Destripando.

En el valle de Elah nos introduce en el ejército de los Estados Unidos. Más concretamente en el mundo que habitan los jóvenes cuyas experiencias en combate dejan marcadas heridas que de regreso a su país se convierten en una realidad tan fría y cruel como desquiciada e incomprensible.

De la mano de Hank Deerfield (Tommy Lee Jones) y con ayuda de la detective Emily Sunders (Charlize Theron) el espectador siente en la piel el estremecimiento y el drama que vive una sociedad cuyos jóvenes son enviados a una guerra disparatada en pos de la paz y la democracia y que sólo devuelve muertos y monstruos.

Es en esto último en donde la película de Paul Haggis incide con un esclarecedor guión y un pulso irrebatible. La película demuestra cómo hay un sistema que transforma a las personas, las deshumaniza, las pervierte en la guerra y las devuelve convertidas en carcasas vacías llenas de odio. Y esto último es lo que deja esa sensación de estupor, de incredulidad, de terror en las personas que conviven con ellos y que son testigos de sus actos en la sociedad "civilizada", esa que los jóvenes alistados dejaron atrás para combatir por su país.

La película no indaga en la culpa, no exhacerba ni dirige balas de plata. El público ya sabe fehacientemente que la autoría de esta insania es de unos pocos cuyos motivos son vergonzosos. La historia se centra en las consecuencias de esta locura.

El elenco actoral es de primera calidad, con Susan Sarandon y un Tommy Lee Jones que cuando se lo toma en serio (no como en Batman o Men in Black) arrasa con todo y con todos. Quizá el metraje pueda pueda ser largo en sus 120 minutos, aunque al aquí presente no se le hizo pesada en ningún momento.

Además, Paul Haggis tuvo la habilidad para no clavarnos en demasía (alguna escena al final comete execrable crimen) lo que se les presupone a las películas americanas en los últimos tiempos: banderas, patriotismo, libertad, democracia y lecciones de bien y mal.

Por suerte deja que la historia hable, deja que la película transpire sólo cine del bueno.